[57] Sisón, juega con el sí son y el sisón o el que sisa, como suelen los despenseros. L. Rueda, I, 13: “Que Luquillas es uno de los mayores sisones del mundo”.

[58] No darse manos a, no parar de. A. Álv., Silv. Dom. 2 adv., 6 c., § 1: “Anduviese lista y servicial, no se dando manos a hacer”.

[59] Galindo, P, 237: ¿Partido pide? No tiene buen juego. Es darse a partido, entregarse con ciertas condiciones, propio del vencido. Valderr., Ejerc. Sab. ceniz.: “El cual, viendo que no podía escaparse, se dió a partido”.

[60] Descubrir, echar cartas y poner de manifiesto las sisas de ellos, en el texto, por lo cual sigue la alegoría del juego, añadiendo que se echaron en baraja, en confusión, en el infierno.

[61] Véase Ordenanza 7 de los pasteleros, de Valladolid: “no sea osado (como por la malicia de las gentes alguna vez aya acaecido) hacer pasteles, que no sean de vaca ó carnero o de venacion... no vendan pasteles de vaca por de carnero ni en ninguna manera de cabron ni cabra ni oveja”. Hablando de un ajusticiado, dice el mismo Quevedo en Tacaño, I, 7: “Los pasteleros desta tierra nos consolarán, acomodándole en los (pasteles) de a cuatro (reales)”.

[62] Malilla, del juego del tresillo o del hombre; echar la culpa de todo a Júpiter. Fons., Vid. Cristo, 2, 1: “Son malillas del infierno, que no solamente no estorban los intentos despeñados..., sino que los atiza y asegura”. En C y P: querían hacer creer a Dios que era Júpiter, y que por él decían ellos todas las cosas. Y Virgilio.

[63] Sicelides musae, comienzo de la égloga IV, “musas sicilianas”, esto es, de Teócrito o bucólicas, pastoriles. Créese, con Eusebio, Lactancio y Sanazaro, que cantó en ella el nacimiento de Cristo: “Iam redit et Virgo... | iam novo progenies coelo demittitur alto. | Tu modo nascenti puero”... Literalmente trató del nacimiento del hijo de Asinio Pollión, el año que triunfó por la toma de Salonas en Dalmacia, y alude a Octaviano. Vivía Virgilio junto a los huertos de Mecenas, su grande amigo y favorecedor de todos los poetas. De Octavia, hermana de Octaviano, Augusto, recibió gran suma de sextercios cuando le oyó recitar el trozo de la Eneida (6, 882), donde habla de su infortunado hijo Marcelo, sucesor que iba a ser en el imperio y que murió a los diez y ocho años. A estos dones de uno y otra alude Quevedo, no menos que a ciertos cuernecillos de que hablan malas lenguas.

[64] “unos decían: ‘Son bautizados y miembros de la Iglesia’. No tuvieron muchos dellos que decir otra cosa”. (El expresado Ms.). Es hombre. Terencio, Heautontim., 1: “Homo sum: humani nihil a me alienum puto”. “Como soy hombre, no tengo por ajenas las cosas de los hombres”. Así responde Cremes a Menedemo, que le había dicho: “¿Tan desocupado estás, Cremes, de tus cosas, que te vaga pensar en las ajenas, y mayormente en las que no te importan nada?”

[65] “Y viendo ellos que por ser cristianos les daban más pena que a los gentiles, alegaron que el ser cristianos no era por su culpa, que los bautizaron cuando eran niños y que los padrinos la tenían. Digo de verdad que vide a Mahoma, a Judas y a Lutero tan cerca de atreverse a entrar en juicio, animados con ver salvar a un escribano, que me espanté de que no lo hiciesen. Y sólo se lo estorbó un médico, porque, forzado de los demonios y los que le habían traído, etc”. (Ms.).

[66] Repartía orejas, como falso testigo de oídas, y ojos, como falso testigo de vista.