[1] A trochimoche. Correas, 517: “Á trochimochi; hacer á trochimochi. (Por hacer la cosa mal y sin atención)”. Ídem, 507. La frase, en su sentido propio, la oí a unos chalanes caminando por una vereda entre dos cortijos de Córdoba. Preguntámosles que cómo habían llegado tan presto de donde decían que venían: “Hemos venido á ‘trochimochi’. Esto es, por trochas y atajos. El mochi se añadió al trochi poniendo mo- por tro-, como en tus ni mus, cháncharras máncharras, oste ni moste”. (Cejador, Leng. Cerv., I, 77).

[2] Á tontas y á locas. Corr., 517: “Á tontas y á locas; á tontas y á bobas. (Por necia y simplemente hacer algo)”. Ídem, 507: Súplese maneras.

[3] Suceda lo que sucediere, modismo de proposición concesiva. (Leng. Cerv., I, 265, 20). Quij., 1, 50. “Dude quien dudare”. Ídem, 1, 59: “Sea quien se quisiere”. Ídem, 2, 60: “Lleguen por do llegaren”. Ídem, 2, 3: “Salga lo que saliere”.

[4] Que del autor, primero... que del autor, antes, más bien.

[5] Mecenas, el gran favorecedor de Virgilio y otros poetas.

[6] Pacíficos de amparo, que no se toman trabajo ni guerra por ampararlos. Desmentidos que desmienten. A. Pérez, Viern. dom. I cuar., fol. 247: “En hábito desmentido que nadie los conozca”. Torr., Fil. mor., 13, 4: “Las barbas desmentidas, las muletas disimuladas”. Quiere decir que no salen a las calumnias que se dicen de los libros que se les dedican, que no salen por sus autores. Desmentir era el verbo propio para decirle a uno que miente, en el libro o código del duelo, y así juega aquí de él. Zabaleta, Error, 25: “El hombre noble sabe que es grande mengua el mentir, por esto es tan grande su dolor cuando le desmienten”. F. Aguado, Crist., 20, 3: “Si dice que sí le conoce le debemos desmentir y dalle en la cara con que no dice verdad”.

[7] Me despido de dedicatoria, dejarse de. Gran., Guía, 1, 28, 1: “Tienen por dificultosísima esta empresa y así se despiden della”. Siendo un libro de crítica, comienza Quevedo criticando las dedicatorias de los libros.

A LOS QUE HAN LEÍDO Y LEYEREN

Yo escribí con ingenio facinoroso[8] en los hervores de la niñez, más ha de veinte y cuatro años, los que llamaron Sueños míos, y precipitado, les puse nombres más escandalosos que propios. Admítaseme por disculpa que la sazón de mi vida era por entonces más propia del ímpetu que de la consideración. Tuve facilidad en dar traslados a los amigos; mas no me faltó cordura para conocer que en la forma que estaban no eran sufribles a la imprenta y así los dejé con desprecio[9]. Cuando, por la ganancia que se prometieron de lo sabroso de aquellas agudezas, sin enmienda ni mejora, algunos mercaderes extranjeros[10] las pusieron en la publicidad de la imprenta, sacándome en las canas lo que atropellé antes del primero bozo, y no sólo publicaron aquellos escritos sin lima ni censura, de que necesitaban, antes añadieron a mi nombre tratados ajenos, añadiendo en unos y dejando en otros muchas cosas considerables, yo, que me vi padecer, no sólo mis descuidos, sino las malicias ajenas, doctrinado del escándalo que se recibía de ver mezcladas veras y burlas, he desagraviado mi opinión y sacado estas manchas[11] a mis escritos, para darlos bien corregidos, no con menos gracia, sino con gracia más decente, pues quitar lo que ofende no es disminuir, sino desembarazar lo que agrada. Y porque no padezcan las demasías[12] del hurto que han padecido los demás papeles, saco de nuevo el de la Culta latiniparla y el Cuento de cuentos, en que se agotan las imaginaciones que han embarazado mi tiempo. Tanto ha podido el miedo[13] de los impresores, que me ha quitado el gusto que yo tenía de divulgar estas cosas, que me dejan ocupado en su disculpa y con obligación a la penitencia de haberlas escrito. Si vuesamerced, señor lector, que me compró facinoroso, no me compra[14] modesto, confesará que solamente le agradan los delitos y que sólo le son gustosos discursos malhechores.