Arias siguió las huellas de su predecesor Matorras, y llegó á Lacangayé al cabo de 66 dias de marcha. Acometido por una enfermedad grave estuvo á pique de perder la vida en el desierto; y en este estado lo halló el P. Morillo, á quien se juntó despues para completar el primer ensayo de navegacion del Bermejo. A no ser por este incidente, ningun interes tendria para nosotros el presente diario, cuya parte topográfica no es mas que la repeticion del de Matorras. Ni creemos que deba darse mucha importancia al plan proyectado de establecer guardias en las orillas del rio. La experiencia ha acreditado el carácter docil de los indios del Chaco, que solo resisten á los que los hostilizan. La construccion de estos fuertes, la presencia de sus soldados, la ostentacion de la fuerza entre hombres sencillos, y sumamente celosos de su independencia,—todos estos indicios de una ocupacion á mano armada de su territorio, obrarian en el sentido contrario á lo que se espera, y alborotarian á las poblaciones en vez de atraerlas.

La historia de la conquista del Chaco es una serie contínua de desaciertos. Sus primeros invasores lo sometieron al sistema de repartos, entregando los indígenas á la inhumanidad de los encomenderos. Este ensayo tuvo los mas funestos resultados. Dispersó á los habitantes de la Concepcion, los ahuyentó de Guadalcazar, los diezmó en Esteco. Ningun pueblo formado en el Chaco sobrevivió á su fundador, sin que estos desastres hiciesen variar de rumbo para evitarlos. Los mismos errores que cometió el Adelantado Vera cuando echó los cimientos de la Concepcion, se repitieron en la fundacion de Lacangayé. Arias, que tenia á su disposicion todas las costas del Bermejo, obligó á los indios á establecerse en un rincon anegadizo entre una laguna y el rio, sin ceder á sus protestaciones, ni retraerse al oir dar á aquella morada el nombre de tragadora de la gente[3].

Su primera idea no fué la de fundar reducciones, sino de atraer á los indigenas á uno de los terrenos que él poseia en las inmediaciones de Salta. Los caciques, á quienes hizo este ofrecimiento, tuvieron el buen sentido de reusarlo, aunque deseáran alejarse del Bermejo. Este proyecto nada tenia de estraño en aquel tiempo, en que eran frecuentes estas migraciones, y formaban el principal objeto de las empresas reduccionales. A esta mania se debe la traslacion de los Kilmes á Buenos Aires, de los Calchaquís á Santa Fé, de los Abipones á Corrientes. Se trasplantaba á los indios con la esperanza de hacerlos mas dóciles, y lo único que se conseguia era diezmarlos. Aunque sin apego á sus guaridas, no podian olvidar sus costumbres, ni aclimatarse bajo otro cielo.

Este deseo de civilizar á los indios era tan antiguo como hereditario en la familia de Arias. Los historiadores del Chaco ponderan el valor del Sargento Mayor D. Lorenzo Arias, que fué á auxiliar á algunos misioneros en tiempo del Gobernador D. Fernando Mendoza Mate de Luna[4]. D. José Arias Rengel y su hermano D. Felix, padre y tio del autor del presente diario, figuran con honor en las expediciones anteriores, y al primero de ellos es debido el descubrimiento de la Senda de Macomita en tiempo del Gobernador Espinosa Davalos. Estos títulos honoríficos, juntos á una inmensa fortuna que habia heredado de sus mayores, y al influjo que egercia en su provincia, por haberla gobernado interinamente, colocaban á Arias en una de aquellas posiciones privilegiadas, en que las empresas mas árduas se miran sin trepidacion y con confianza. En este estado calculó con parsimonia los recursos que se necesitaban para dar impulso á sus planes. Se arrojó á la conquista del Chaco con cincuenta milicianos sacados de un regimiento de caballeria que mandaba en Salta, á los que se incorporaron doce presidarios con otros tantos peones y seis esclavos, sin contar con mas auxilios que un fondo de quince mil pesos que le franquearon las cajas municipales de la provincia. Es verdad que todo estaba dispuesto para recibirle amistosamente: ninguna oposicion esperimentó en el tránsito, y su campamento de Lacangayé se llenó de caciques de las tribus mas retiradas. Pero con mas elementos de fuerza hubiera podido explorar gran parte de la inmensa zona, que yace desconocida entre el Pilcomayo y el Bermejo, y esta investigacion hubiera dado un nuevo interes á esta expedicion, y una celebridad merecida á su caudillo. Ella hubiera, sino completado, al menos ensanchado considerablemente la esfera de los pocos conocimientos que tenemos del Chaco, de que apenas se hace mencion en las obras mas modernas de geografia.

Talvez pasen muchos años antes que se llene este vacio. Ninguno de los estados fronterizos del Chaco se halla en aptitud de acometer esta empresa, y mientras prevalezcan los falsos principios de colonizacion, mas vale que no se realice. En estas cosas, como en otras muchas, el modelo que debe tenerse presente es el de los Estados Unidos, que en tan corto periodo ha estendido sus límites hasta los bordes occidentales del Misourí. Los gefes de las tribus han tratado de la cesion de sus territorios con la plenitud de sus facultades, y un principio de civilizacion ha dominado en esos convenios, que nunca han sido violados por la perfidia. Las razas indigenas se han retirado espontaneamente ante los sucesores de Penn y de Washington, y leyes justas, costumbres suaves, y todos los goces de una vida activa y laboriosa, han cambiado sin esfuerzo la naturaleza de estos hombres salvages, que solo necesitan de buenos egemplos para salir de su embrutecimiento.

Sin duda las ideas religiosas contribuyen á amansarlos; pero no deben absorver todos sus instantes, ni distraerlos del trabajo, que es el motor principal de la perfectibilidad de los hombres. Las platicas, las psalmodias, los rezos, de que tanto se ocupan los misioneros, forman una transicion brusca entre los hábitos agrestes y la vida contemplativa; y sin embargo en estos actos de piedad se entretenian los conquistadores del Chaco, de donde se retiraban satisfechos por haber bautizado á unos cuantos párvulos. Las dos colonias fundadas por Arias, que debian haber sido otros tantos focos de actividad y de industria, fueron entregadas al arcediano Cantillana, hombre virtuoso, pero sin talento, y mas ocupado de la conversion que de los intereses materiales de sus neófitos. Pasó inutilmente once años en el desierto, viendo disminuir diariamente su rebaño, y abandonándolo por fin à dos frailes, en cuyas manos se dispersó enteramente.

No por esto se dejó de abrumar á la Corte de España. Pero, por mas que se disfrazasen las miras personales en los informes y proyectos, no se logró ocultarlas, y el sacrificio estéril que el Gobierno habia hecho de la valiosa estancia del Rincon de Luna para fomentar las nuevas poblaciones del Chaco, le hizo cerrar el oido á todas estas solicitudes. La contestacion que el Ministro Galvez dió à una súplica de Arias, es un comprobante del descrédito en que habian caido sus promotores, y del que nunca pudieron levantarse[5]. Este gefe acabó sus dias en el año de 1793, dejando un patrimonio menguado, y una reputacion equívoca.

PEDRO DE ANGELIS.

Buenos Aires, 14 de Diciembre de 1838.