Los labradores tienen su caudal diseminado, por decirlo asi, en la superficie de la tierra, tanto en granos como en ganados &c., y sus arcas rara vez corresponden en riqueza á la que ostentan en sus cortijos ó haciendas. Esto es tan general, que aun cuando haya alguno que posea la suficiente cantidad de numerario para llamarse rico solo por él, son sin embargo tan raros estos ejemplos, que no pueden reputarse por otra cosa mas que por escepciones de una regla general. Por consiguiente habremos de convenir en que la riqueza de esta clase consiste en efectos, y por consiguiente que tantas mas ventajas obtendrá cuanto sea mayor la salida de estos efectos, mientras que por el contrario se empobrecerá cuando falte ó se disminuya el consumo de ellos. Para convencernos de esta verdad basta solo figurarnos á los labradores despues de un año felicísimo con las eras llenas de grano y las dehesas de ganado cuyo valor aproximado forme un considerable capital: si los consumos son grandes, podrá vender á buen precio tanto el grano como el ganado, y recibir una cantidad suficiente para emprender con ardor la labranza en el año próximo y beneficiar cuanto le sea posible sus ganaderías; pero si por el contrario escasean, tendrá que bajar los precios, y siendo á pesar de todo mezquina la venta, lo será tambien la cantidad que percibe, y se hallará por consiguiente sin los medios necesarios para estender y fomentar la especie de industria que ejerce. La riqueza de los labradores es imaginaria si faltan los consumos, y la misma prodigalidad con que los granos y los ganados se multiplican contribuyen doblemente á empobrecerlo, pues por una parte pierden el valor y por otra aumentan los gastos con su abundancia. Por el contrario, jamas se ha visto que por ser escesivos los consumos de estos ó aquellos productos se haya perjudicado el ramo de industria á que pertenezcan, sino que se aumentan y perfeccionan. La esperiencia está en un todo de nuestra parte, y principalmente en la materia que nos ocupa: echemos una ojeada por la hermosa casta de caballos andaluces, y veremos que empezó á multiplicarse y á recibir mejoras cuando los consumos eran mayores que son hoy, y que conforme han ido disminuyendo ha perdido sino en la calidad de los caballos, como sin embargo creen muchos, al menos en la abundancia de potradas y en lo numerosas que eran. Con respecto á los toros sucede lo mismo; cuando habia mas plazas y se hacian al año muchas corridas mas que hoy, habia en todas las provincias mas ganaderías famosas y mayor número de cabezas de ganado vacuno: muchas de estas ganaderías no existen ni aun en el nombre, desaparecieron con la disminucion de los consumos, y las que se conservan famosas son aquellas de que mas toros se sacan para las plazas. Ademas de que el consumo que en ellas se hace de toros y de caballos no solo concurre á beneficiar la cria del ganado vacuno y caballar como lo hiciera cualquier otro consumo, sino que las beneficia de un modo particular y directo; lo primero, por el esmero con que los criadores de toros de plazas cuidan y afinan el ganado, y por la mucha estima que asi adquieren los toros; y lo segundo, porque en las plazas mueren todos los caballos malos y viejos de que ya el labrador ha obtenido cuantas ventajas pueden ellos proporcionarles, y es la última vender á un precio bastante alto un animal que por su edad ó por sus enfermedades ni puede ya recompensar con su trabajo los gastos y esmero de su manutencion y cuidado, ni mucho menos presentarse en feria. Estos animales se verian por último condenados á perecer, ó serian onerosos para sus dueños, si en las plazas de toros que es su única salida no los comprasen á un precio que nunca hubiera podido obtener sin este recurso su dueño, y esto es una ventaja positiva y muy considerable para los labradores.
En otro pais cuyo suelo fuera menos rico y productivo que lo es el nuestro podria decirse tal vez que el consumo de las plazas podria perjudicar por hacerse con menoscabo de otros consumos del mismo género; pero esta objecion no tiene lugar en España, pues aunque se triplicara la poblacion, y con relacion á este mismo aumento crecieran los consumos, no por eso llegaria el caso de que se resintiese la cria de ganados del que se hiciera en las plazas. Cualquiera que haya paseado nuestras provincias, ó que al menos tenga noticias circunstanciadas de ellas, y sepa el número de ferias que en ellas se celebran, y la multitud y abundancias de ganados que á ellas concurren, se persuadirá no solo del ningun daño que las corridas de toros causan á la agricultura, sino de la necesidad que tiene de ellas para beneficiar el ganado, activar su consumo y entresacar en el caballar la hez que con tantas ventajas del labrador se consume en las plazas.
Cuando oimos decir que las corridas de toros son perjudiciales al Estado, quisieramos que nos presentasen algunas de las razones en que se apoya tan estraña asercion; pero jamas hemos visto ninguna ni conveniente ni adecuada, pues era la mas fuerte el perjuicio que suponian recibia la clase agrícola. Hemos visto ya que lejos de ser ella perjudicada recibe beneficios de gran tamaño, y anunciaremos ademas, aunque rápidamente, algunas de las principales ventajas que las corridas de toros proporcionan al Estado.
Bastaba solo el fomento de la agricultura en uno de sus mas preciosos ramos para persuadir á cualquiera la utilidad de las corridas de toros, porque sabemos que la principal riqueza de un Estado, y la única que le puede servir de apoyo invariable, es la que se cimenta en el fomento de sus productos territoriales, y por tanto no puede dejar de ser que las corridas de toros lo robustezcan, habiendo visto qué directamente influyen en el aumento de aquellos productos. Ademas hemos visto que llena una de las primeras necesidades de un gobierno que vele por la felicidad de los pueblos, como es un espectáculo nacional y varonil, sin que por eso sea bárbaro é inhumano, y bajo este aspecto recibe el Estado una nueva ventaja. Tambien son las plazas de toros frecuentemente arbitrios con los cuales se cubren ciertas atenciones, para cuya satisfaccion hubiera sido preciso exigir á los pueblos alguna nueva contribucion ó impuesto, que por suave y módica que fuera, jamas la pagaria con el gusto y exactitud con que satisface el precio del billete para los toros. El equipo y armamento de algun cuerpo que se forma repentinamente, la conclusion de alguna obra pública de conocida utilidad, el establecimiento de casas de beneficencia &c., son bienes positivos y considerables que reporta el Estado de las corridas de toros, pues no hay espectáculo alguno que se haya hecho objeto de tantos arbitrios, y de que se hayan sacado tantas y tan cuantiosas sumas en beneficio del Estado. Ademas que segun se deduce de las reflexiones que al principio hemos hecho, influye de un modo bastante directo y poderoso en el carácter del pueblo, haciéndolo valeroso y amigo de la gloria sin viciar por eso las ideas de humanidad y dependencia que deben mantenerlo obediente y moderado.
Si no recibiese el Estado otro beneficio de las corridas de toros, bastaria no solo para hacer ver que no le son perjudiciales, sino para demostrar su utilidad, saber que siembran en los pueblos la semilla de su independencia cuando fomentan su heroismo y su fraternidad.
No con mas fundamentos que las anteriores acusaciones se hace á nuestras fiestas la de que son perjudiciales á las artes y á la industria.
Jamas vimos apoyada semejante opinion en escrito alguno con la solidez necesaria para convencer, y cuando la oimos en boca de los detractores de las lidias, sus raciocinios para probarlas eran falsos, especiosos, fundados en algun abuso, ó bien deducido de las que ya hemos visto enteramente refutadas, y cuyas consecuencias quedan destruidas como los principios de que emanaban.
Las artes no sufren ninguna especie de atraso ó de perjuicio ni directa ni indirectamente de las corridas de toros, antes bien recibirán calor y nueva vida, pues es tal el enlace que tienen todas las clases entre sí, y todas las partes que componen la máquina social, que cuando alguna ó muchas de ellas esperimentan mejora ó engrandecimiento, las demas participan de los saludables efectos del agente que promovió el bien de la primera: asi es, que promoviendo las corridas de toros la riqueza de los labradores y el aumento por consecuencia de los productos territoriales, fomentan indirectamente las artes ofreciéndoles con abundancia las primeras materias. Sería nunca acabar si partiendo de este principio hubieramos de ir manifestando los beneficios que todas las artes pueden reportar indirectamente de las corridas de toros, pues se formaria una cadena que al modo de los sorites nos llevaria hasta donde quisieramos poner su conclusion.
La industria dicen que padece con las corridas de toros, porque la mayor parte de los que á ellas concurren son artesanos, jornaleros y trabajadores, y como se hacen generalmente en dias de trabajo, pierden no solo el precio del boletin, sino lo que hubieran podido ganar en sus respectivos talleres; de modo que la industria padece tanto por lo que se deja de adelantar en ella, como por la suma que se le substrae. Esta objecion es mas especiosa que sólida, porque sea la que quiera la suma que la multitud espenda en los toros, y concediendo desde luego que sea la clase industrial la que de ella se desprende, como no hace mas que pasar de las manos de una á las de otra porcion de la misma clase, es claro que la industria propiamente dicha no sufre perjuicio alguno. Por otra parte hemos visto la necesidad que hay de dar diversiones al pueblo, y cuán justo es que el pobre tenga alguna ocasion en su vida para con el ahorro de sus afanes proporcionarse unas horas de apetecida diversion. Mucho mas podriamos insistir en este punto; pues con solo enumerar los ramos de industria que ponen en movimiento y á quienes dan actividad las corridas de toros, ocupariamos algunas páginas; pero no lo creemos necesario atendido cuanto en el discurso de nuestra narracion hemos espuesto.
Mucho mas breve seremos refutando la objecion de los que dicen que las fiestas de toros son perjudiciales á la humanidad, porque de la refutacion que á las otras hemos hecho resulta destruida la presente, y bastaba saber que muchas casas de beneficencia, como hospitales, hospicios &c., tienen impuestos muy considerables sobre estas fiestas, para conocer que la humanidad reporta sus beneficios hasta en los últimos de sus asilos.