José Delgado (a) Hillo en su tauromaquia pone otra clase de toros de sentido, compuesta de los que atienden á todo objeto sin contraerse especialmente al que los cita y llama, pero que en las suertes son claros; y aunque respeto su dictámen, sin embargo, en esto padeció una equivocacion, pues esta propiedad la tienen unas veces los boyantes, muchas los revoltosos, algunas los que se ciñen, pocas los que ganan terreno, y siempre los abantos, pero nunca los verdaderos toros de sentido, siendo ademas una contradiccion visible poner como clase de toros de sentido, cuyo distintivo es la malicia en las suertes, unas reses que segun él mismo son claras en ellas.
Se llaman toros abantos aquellos que son medrosos por naturaleza, y los hay de varias clases: unos lo son tanto, que conforme ven al torero se salen huyendo, de modo que no es posible hacer suerte con ellos; otros hay que arrancan, y antes de entrar en jurisdiccion se vacian con prontitud saliéndose de la suerte, ya por el terreno de afuera, ya por el de adentro, y á veces por el que ocupa el diestro, lo cual es efecto del miedo que tienen, pero sin embargo lo pueden arrollar en este contraste: otras veces estos foros arrancan con prontitud, y cuando llegan á jurisdiccion, y en el mismo momento en que el diestro va á cargarles la suerte, se quedan cerniendo en el engaño hasta que se escupen fuera ó lo toman. Hay otra especie de toros abantos de que algunos hacen clase aparte con el nombre de bravucones, que son los menos medrosos de todos ellos, pero que parten muy poco, y alguna vez al tomar el engaño rebrincan, y otras se quedan en el centro sin formar suerte. No me parece que estos toros deban formar una clase aparte, pues no son otra cosa que una especie de los abantos; sin embargo, José Delgado los pone como distintos.
Estas clases de toros son las únicas que por sus propiedades particulares merecen mucha atencion para conocerlos perfectamente, y ejecutar las suertes con seguridad.
Sin embargo, me parece oportuno decir alguna cosa de los toros burri-ciegos, de quienes nadie ha hecho mencion, mereciendo una atencion particular, pues el defecto que tienen en su vista les hace partir con desproporcion relativamente á los demas, pero con mucha regularidad atendiendo al estado particular en que ella los pone, de suerte que estos toros deben clasificarse segun la alteracion que tengan en el modo de ver. Haremos pues tres clases: los de la primera, que son los que ven mucho de cerca y poco ó nada de lejos, tienen la contra para torearse de que siendo preciso para que vean al diestro citarlos siempre sobre corto, y advierten distintamente muy cerca de sí un objeto que casi no saben por dónde ha venido, arrancan con mucha codicia y ligereza, de modo que si tienen muchas piernas y aquel no está sobre sí, ó bien le faltan estas, es facil le den una cogida: sin embargo, en toreándolos con conocimiento son los mejores de los burri-ciegos, pues tienen la ventaja de no seguir el bulto en apartándose un poco aun cuando le estuviesen observando el viaje, porque como no ven bien de lejos les parece grande la distancia y no hacen por él.
Los de la segunda clase ven poco de cerca y mucho de lejos; son muy dificiles de torear, porque como no distinguen bien arrancan al bulto todo que tienen delante, y por lo regular buscan el cuerpo como objeto mayor y que ven mejor. El peligro que hay en estos toros es el salirse de la suerte y apartarse de ellos, porque entonces ven claramente al diestro, observan su viaje, arrancan á él, y si tienen piernas y lo llevan embrocado sobre largo le pueden dar una cogida, pues no hacen caso del capote, y sí del cuerpo, que es lo que ven mejor porque dista mas.
Los de la tercera son los que tanto de cerca como de lejos ven poco; tienen la ventaja que rara vez observan el viaje y siguen al diestro hasta rematar, y si no fuera porque son muy pesados en todas las suertes y se aploman con facilidad, serian los mejores de los burri-ciegos.
Se pudiera hacer otra cuarta clase de estos toros, en que se comprendieran los que ven poco de un ojo y bien del otro; pero teniendo las mismas ventajas y nulidades para la lidia que tienen los tuertos, cuanto se diga de estos es aplicable á los otros.
Conocidas ya las diferentes clases de toros que pueden presentarse al diestro, debemos pasar al conocimiento de cada suerte en particular, y al modo de ejecutarlas con los de que ya se ha dado noticia.
CAPITULO VI.
De las suertes de capa.
Se llama suerte de capa toda la que se hace para burlar al toro á favor de los capotillos; de esta definicion se sigue, que tan suerte de capa es el correr un toro como la navarra; sin embargo, debe admitirse una diferencia, y asi llamaremos trastear ó correr los toros á todas las suertes que se les hagan con los capotillos para hacerles mudar de sitios, distraerlos &c., y suertes de capa propiamente tales á la verónica, navarra, chatre &c.: tambien se les dice á estas suertes genéricamente capear ó sacar de capa. Cuando el matador, despues de haber dado la estocada, se pone con la muleta á pasar el toro una y muchas veces para cansarlo, que se meta mas la espada y se eche, se dice tambien que lo está trasteando.