Pocas ventajas sacaria el picador que reuniese los requisitos antecedentes, si le faltase el de ser ginete consumado. Digo ginete consumado, porque de nada sirve saberse tener en el caballo y agarrarse bien á la silla; esto basta únicamente para no caerse, pero para picar es necesario ademas de una muy buena mano izquierda, y de tener mucha fuerza en las rodillas, penetrar las intenciones del caballo, dominarlo, conocer si está incómodo, cuál puede ser la causa, y si es el brazo, ponérselo mas ó menos suave, segun lo requiera: es menester tambien que sepa hacerlo girar, ya sobre las manos, ya sobre las piernas, segun la necesidad que haya de ello, como asimismo de hacerlo andar hácia atras y á los costados, sirviéndose para todo esto tanto de la mano como de la espuela, y usando de todas las ayudas con el debido conocimiento, y solo cuando el caso lo exigiese, pues de lo contrario se exaspera el caballo y se pone en defensa, lo cual es espuestísimo delante del toro. Baste pues lo dicho, y el considerar que el picador tiene que montarse y salir á picar en caballos que no conoce, y que acaso no han servido para montar hasta entonces, para convencerse de lo indispensable que le es ser ginete consumado.
CAPITULO II.
Del modo de dividir los toros para la suerte de picar.
Cuando en la primera parte de esta obra dividimos los toros en seis clases, nos desentendimos del toreo de á caballo, y al de á pie fue al que arreglamos y referimos aquella clasificacion. Pero como en el de á caballo sucede que un toro que se ciñe, por ejemplo, y otro de sentido se deben lidiar de un mismo modo, siendo tan diferente el de torearlos á pie, de aqui procede la necesidad de hacer una nueva division para el toro de á caballo, cuyo fundamento se tome de las buenas ó malas proporciones que tengan para las suertes de la vara, asi como la base de la clasificacion que hicimos en el toreo de á pie se tomó tambien de la mayor ó menor idoneidad que para esta clase de suerte presentaban los toros.
Los autores que he consultado acerca de este ramo del arte de torear no han hecho mas que una division de los toros, y de ahí la oscuridad que reina en la esplicacion de las suertes de á caballo, y la confusion en que no puede menos de caer el lector.
La suerte de picar, como todas las que se hacen desde el caballo, tiene sin duda muchos puntos de contacto con las de á pie; pero necesita un modo nuevo de considerar los toros que se refiera á ella misma, y esto es lo que voy á ejecutar; pero como soy el primero que establece esta nueva division, y es mas probable que resulte defectuosa, deseo que se atienda solo á mi buena intencion, y á la necesidad que de ella tiene el arte, únicos motivos que me obligan á proponerla.
Cuatro son las grandes clases en que me parece pueden dividirse los toros con relacion á las suertes de la vara de detener, á saber: boyantes, pegajosos, que recargan, y abantos. Asignémosle á cada clase los caractéres que la dan á conocer, y sirven para distinguirla de las demas.
Los toros boyantes son aquellos que aunque muy bravos, toman su terreno conforme se lo muestra el picador, y que por consiguiente jamas darán cogida al que sepa torearlos como se debe. No obstante, si el diestro no tiene los requisitos que hemos visto necesita para torear bien, y se tarda en manifestárseles su terreno, le podrán dar cogida. Estos toros pueden ser ademas de boyantes, blandos, esto es, que se duelen mucho del castigo y no arrempujan: el picador lo conoce en que en el encontronazo no hacen fuerza, y generalmente á la salida de la suerte tiran coces á los estribos, y salen con el cuello torcido; estos toros son muy faciles de picar.
Tambien puede un toro ser boyante y duro; quiero decir con esta espresion, que no se sienta del castigo: estos toros no dan las coces que los otros, ni salen con el pescuezo torcido, y en el encontronazo hacen bastante fuerza.
Llamo toros pegajosos á los que aun cuando tengan libre la salida no la toman, sino que se quedan en el centro tirando cabezadas á ver si pueden llegar al bulto, y cuando desarman al picador y lo consiguen, cuesta mucho trabajo hacer que lo dejen. Estos toros son siempre duros, esto es, que no les hace mella el castigo, y si el picador no tiene mucho poder no se libra de la cogida.
Los toros que recargan son aquellos que llegan á la vara, y asi que la sienten se apartan del centro como para tomar su terreno, pero que conforme se les quita del morrillo para rematar la suerte arrancan con prontitud y dan la cogida. Estos son los que deben torearse con mas cuidado, y mucho mas cuando generalmente se cuelan sueltos en el recargo, y apoderados una vez del bulto son tan codiciosos como los pegajosos.