Salga, pues, al campo este engendro de mi mocedad, libre y silvestre como las palomas torcaces, llano y rudo como el soldado que va a combatir contra el error. Y si acontece que le acorralan sus enemigos, encárgale que se acoja a tus reales, amantísimo Castro, que en parte alguna se hallará más seguro.

Y para que nadie le corte el paso antes que tú le conozcas, te lo envío con estas letras para que lo más pronto posible te salude en mi nombre, confirme nuestra amistad y, sellado con tus armas, salga a campaña desembarazadamente.

Recíbelo, pues, con alegre rostro e inscríbele en el número de los tuyos y a mí con él.—Vale.

En Tolosa de Francia, año de 1581.


FRANCISCO SÁNCHEZ
AL LECTOR


Innato es en los hombres el deseo de saber, pero a pocos es concedida la ciencia. Y no ha sido en esta parte mi fortuna diversa de la del mayor número de los hombres.