Si, pues, el agente es perfecto, también debe ser perfecta la acción y los medios para ejecutar la obra y el paciente que recibe la acción, en cuanto la recibe, aunque por otra parte sea imperfecto.
Y si no sigue a la acción la conversión del paciente en el agente, al menos la obra que de tal acción se hace es perfecta siendo de agente perfecto, imperfecta si de imperfecto. Pues los partos, dicen los médicos, dan testimonio de sus principios. Lo que se hace bien, es siempre con medios idóneos.
Y así, el perfecto agente ayudado por perfectos instrumentos y medios solícitos, obrará en el paciente y ejecutará la obra intentada mejor que con imperfectos.
Ve esto en todas las acciones tanto naturales como voluntarias: el sol, que es el más perfecto de todos los cuerpos (de donde los antiguos lo juzgaron Dios), ¿qué acción hace? Perfectísima, parecida a la acción de Dios. Pues éste crea, pero aquél engendra las cosas, que es el segundo grado después de la creación; pero se diferencian en que Dios crea por sí solo, de la nada y sin medio ni instrumento alguno. El sol, teniendo su potencia de Dios, engendra, estimula y mueve por medios naturales y congéneres.
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Pero objetarás, tal vez, que el sol corrompe también, la cual es pésima acción. Mas, no es así. No corrompe, sino que, mientras engendra, síguese necesariamente la corrupción, como una consecuencia natural. Y que engendra primero, es manifiesto. Pues primero es el ser que el no ser; el acto, que la privación; la vida, que la nada.
Ningún ser obra por nada o intenta nada (de donde tampoco el mal por sí, pues el mal es privación del bien, cuasi nada), pues todo es por un fin, y la nada no puede ser fin para un ser. El fin es perfección, la cual entre los seres ocupa el primer lugar.
Privación, destrucción, defecto, mera negación del ser; ¿con qué otro nombre llamaré a la nada que con el tenebrosísimo de nada? ¡Opuesta y enemiga a toda perfección, a todo ser; finalmente, nada!...
¿Quién la intentará, quién la buscará? Todas las cosas la huyen naturalmente. Nada me aterra, entristece y postra el ánimo como la Nada cuando pienso que alguna vez pudiera yo ver sus abismos, si, acompañada mi alma de la fe, esperanza y caridad, no destruyesen este miedo, y me confirmasen prometiéndome, después de la disolución de este compuesto, de mi carne y mi espíritu, indisoluble nexo con Dios óptimo y máximo.
El sol, pues, el más perfecto de todos los cuerpos, ¿intentará la corrupción, la hará? No, pues engendra. ¿Con qué medio? Con el calor, que es la más perfecta, principal y activa de todas las cualidades.