Confieso haberme pesado de ver este Comentario traducido é impreso en lengua italiana, ántes que en la natural que le escribió su autor, el cual, como á su familiar servidor, me le dió de su mano en Brusélas; y así, estimándole por de no ménos sustancia, en su tanto, que cualquiera de los de Julio César, le he traido como un breviario despues acá siempre conmigo. Y aunque creo que habiendo hecho el efecto que deseaba (como con universal satisfacion le hizo), mandaria hacer de él lo que Virgilio de su Eneida, por no dexarle subjeto á los invidiosos de su gloriosa fama, que tan injustamente en vida la calumniaron. No por esto, ni porque diga Platon ser justa cosa privar á los tales de la vida que gozar esperan, he querido dexar de sacarle de la tiniebla en que le he tenido, y así le comunico ahora á mi patria y nacion en su idioma, sin alterar cosa ninguna de él, ni añadir las postilas ó glosas que suelen notarse en semejantes obras, por saber de cierto que la intencion del Coronel no fué señalarse en la pluma (aunque podia) como en las armas, ántes decir sucintamente los sucesos de Frisa, sin más afectacion de la que trae la pura verdad consigo; manifestando su integridad y proceder para confusion de sus émulos. Y si bien el discurso caminára seguro con sólo llevar su nombre escrito en la frente, porque dice el poeta que el libro para vivir ha menester un ángel bueno que le guarde, habiéndole de dar protector, me ha parecido tocar de derecho á V. S., que será custodia más segura y perpétua que la de inestimable valor que el Magno Alexandro destinó para las obras del divino Homero; porque su persona conserva y va dilatando la felice memoria de su heroico suegro, el cual, así por ilustre nacimiento, como por egregias obras, mereció ser yerno de el fielísimo Pedro Ernesto, conde de Mansfelt, de la órden del Toison de Oro, Gobernador y Capitan general que fué de los estados de Flándes, cuya ilustrísima casa compite en antigüedad con la serenísima de Austria. Y si Apion Gramático osaba decir que daba inmortalidad á aquellos á quien dirigia sus obras, con más razon podria yo prometer que ésta hará el mesmo efecto en la clara prosapia de V. S., á quien la dedico y consagro en reconocimiento de la obligacion que tengo á sus cosas. Las cuales prospere Dios, y guarde á V. S. como yo deseo. En Nápoles, á 1.º de Mayo de MDCX años.
D. Alfonso Velazquez de Velasco.
D. A. AL LECTOR.
Siempre acompaña á la virtud la invidia: y así, prudente lector, dixo bien aquel sabio, que la miseria sola podia estar en el mundo segura y sin temor de invidia, considerando los innumerables inconvenientes que por ella suceden, y los daños en que han incurrido tantos ilustres varones. Que siempre los que son dotados de singulares virtudes están más sujetos á la emulacion y calumnias, por las cuales, el que ha vivido haciendo su deber, viene muchas veces á padecer en su reputacion, ántes á ser mal visto que bien galardonado; y al contrario, recibir las mercedes y gracias los que no las han merecido sino por ser finos cortesanos, ántes ecos y camaleones, que toman los colores y humores de los príncipes á quien siguen para hacer mejor lo que desean. Por esto dixo Séneca que lo que falta á aquellos, á quien parece que lo tienen todo, es la verdad. Y así me atrevo á decir que esta perniciosa especie de hombres es la que los engaña con la vana adulacion, por no tener cerca de sus personas otras que fiel y libremente los digan las verdades; ántes quien los hace caer en notables faltas con sus malicias é invenciones, dilatándolas con la agua maldita de córte, hasta esta bestia popular que fácilmente se mueve y cree á ciegas lo que refiere una pestilencial boca contra cualquiera persona por aprobada que sea, habiéndolo impíamente reforzado con estas ó semejantes palabras: puede ser lo contrario, pero al fin no hay fuego sin humo. ¡Oh infernal, oh fuerte persuasion! ¿Es posible que baste una venenosa lengua á lacerar la reputacion de un personaje puro y justo? ¿Puede ser mayor liviandad que creer sin bastante causa lo que falsamente se le imputa? debiendo, por razon divina y humana, cuando en ausencia se oyó calumniar á alguno, creer ántes lo contrario, mayormente si es persona que ha probado bien su valor. Siendo cosa cierta que como la sciencia no tiene mayor enemigo que el ignorante, el rico que el pobre, la virtud que el vicioso, así el hombre valeroso tiene siempre contra sí el roedor gusano de la invidia, que no atiende ni entiende, sino en macular á los que por sus virtudes son dignos de la célebre fama que han alcanzado. Mas á mi parecer, no debemos culpar á estos abominables Proteos, tanto como á los que (con su notable daño) los entretienen sin duda por persuadirles haber en sus personas más cualidades de las que con verdad alcanzan, con que los desvanecen y hacen que se estimen por dignos de la gloria que los pulpos que se les pegan les atribuyen; deseo saber de los tales señores si hubiesen de decir lo que de sí piensan, responderian lo que Theodoro á Stilpon cuando le preguntó si creia ser el que algunos le daban á entender, y habiendo respondido por señas que sí, tú eres luégo un Dios, dixo Stilpon; y consintiendo como ántes, Stilpon se puso á reir, diciendo: ¡oh! cómo eres gran loco, pues por la mesma razon confesarias ser una corneja. Mas cuán al contrario proceden los doblados aduladores, que para representar mejor su tragicomedia encantan á quien dan lo negro por blanco, poniendo mil lazos, para no dexar cosa que no abarquen. ¡Oh, si los príncipes los alexasen de sus córtes, imitando al emperador Alexandro Severo, el cual, habiendo entendido que Turino, su gran privado, le engañaba, le hizo quemar vivo en una pública plaza! Sin duda que no se hubiera acudido tan lentamente por falsos reportes á las necesidades de Frisa, dexando á punto quemar la propia casa por apagar el fuego de la ajena: interrumpiendo con débil correspondencia las buenas ocasiones que se ofrecian. Y con ser esto así, la malicia de algunos llegó á tanto extremo que pretendieron cargar la pérdida de aquel Estado á quien con tanto trabajo le entretuvo catorce años, opuesto siempre á las grandes fuerzas del enemigo, como parece en este puntual discurso, que para su justificacion escribió el coronel Francisco Verdugo. Dexando los no ménos notorios y señalados servicios que ántes habia hecho, comenzando del tiempo que Madama de Parma la primera vez gobernaba los Estados de Flándres, cuando á 4 de Julio del año de 1566, en Anvers, los herejes dieron principio al rompimiento de las imágenes, sembrando con prédicas sus enormes errores, que hallándose entretenido en la córte de S. A., la suplicó le diese licencia para emplear su persona en tal ocasion, levantándose gente para extirpar la sediciosa, y concediéndosela por no haber entónces milicia española, salió capitan en un regimiento de valones del coronel Cristóbal de Mondragon, ántes de la llegada á los Estados, del memorable Duque de Alba, el cual entró en Brusélas á 22 de Agosto de 1567, continuando con eminentes cargos con todos los demas que en aquel gobierno sucedieron, hasta que el Conde de Fuentes, que gobernaba los Estados por muerte del Archiduque Ernesto, le invió á llamar á Luxemburg, donde tenía su casa, para decirle que S. M. mandaba que le fuese á servir en el exército que tenía en Francia, por haber de acudir el Condestable de Castilla, general de él, á su gobierno de Milan. Y no hubo llegado á la Córte, cuando se entendió que el Duque de Bullon habia entrado impensadamente en el Estado de Luxemburg con gran número de caballería é infantería, y tomado tres villas importantes de aquel país. Y habiéndose de acudir á atajar su desiño, el Conde ordenó al Coronel que con la poca gente que pudo darle fuese á remediar la invasion y el daño que se temia, y él lo hizo con tanto valor y presteza, que recobrando en breve tiempo las plazas, hizo retirar al frances con gran pérdida de su gente, y en venganza del daño que habia hecho, se le entró por la frontera de Francia, arruinando cuantos casales y castillos habia hasta las puertas de Sedan. Y con esta victoria, habiendo encaminado la gente á Xatelet, que el Conde en persona tenía sitiado, se retiró á su casa á prevenirse para el viaje que habia de hacer. Donde le sobrevino la enfermedad con que dió fin á los trabajos de la vida, año de 1597, y de su edad 61, sin haber hecho en toda ella más diligencia, para alcanzar premio de sus servicios, que obligar á S. M., perseverando 31 años continuos sin haber hecho ausencia, á hacerle las mercedes que nunca llegaron por causa de quien corta todas las humanas pretensiones y grandezas. Pero no podrá impedir la memoria de las preclaras obras que verás, prudente lector, en tan varios accidentes guiados por él con singular prudencia, consejo, resolucion, trabajo, sufrimiento y paciencia admirable. Dios te guarde.
Á LA EMBLEMA