Sonaba, en efecto, cierto ruido en la pieza contigua.

—¡Ah! ¿Vienen?—gritó Raskolnikoff—. ¿Los has enviado a buscar? Habías contado... Pues bien, introdúcelos a todos, delegados y testigos; haz entrar a quien quieras. Estoy pronto.

Pero entonces ocurrió un incidente muy extraño, tan fuera del curso ordinario de las cosas, que sin duda Raskolnikoff ni Porfirio Petrovitch hubieran podido preverlo.

VI.

He aquí el recuerdo que esta escena dejó en el espíritu de Raskolnikoff:

El ruido que sonaba en la habitación inmediata aumentó de repente, y la puerta se entreabrió.

—¿Qué es eso?—gritó Porfirio Petrovitch encolerizado.

No hubo respuesta; pero la causa del ruido se dejaba adivinar en parte: alguna persona quería penetrar en el despacho del juez y trataban de impedírselo.

—¿Qué es lo que sucede?—repitió Porfirio.

—Es el procesado Mikolai, que ha sido conducido aquí.