—¿Qué carta?

—Ha recibido una que la ha llenado de inquietud. He querido hablarle de ti y me ha suplicado que me callase. Después... después me dijo que nos separaríamos dentro de breve plazo, y se ha mostrado muy reconocida conmigo, tras de lo cual se encerró en su cuarto.

—¿Ha recibido una carta?—preguntó Raskolnikoff intrigado.

—Sí. ¿No lo sabías?

Los dos permanecieron callados durante un minuto.

—Adiós, Rodia, amigo mío... En cierto tiempo... Vamos, adiós... Tengo también que irme; por lo que hace a darme a la bebida, no haré tal cosa: es inútil.

Salió muy de prisa; pero apenas acababa de cerrar la puerta, cuando volvió a abrirla de repente, mirando de través.

—A propósito, ¿te acuerdas de aquel crimen? ¿del asesinato de aquella vieja? Pues has de saber que se ha descubierto el asesino; él mismo se ha reconocido culpable, y ha suministrado todas las pruebas necesarias en apoyo de sus afirmaciones. Es... ¡pásmate! uno de aquellos pintores a los cuales defendía yo con tanto ardor. ¿Querrás creerlo? La persecución de los dos obreros, corriendo el uno detrás del otro en la escalera, mientras subían el dvornik y los dos testigos, los cachetes que se daban riendo, todo ello no era más que una treta imaginada para evitar sospechas. ¡Qué astucia! ¡Qué presencia de ánimo en ese tunante! Parece imposible; pero lo ha explicado todo; ha confesado por completo. ¡Qué despistado estaba yo! Tengo a ese hombre por el genio del disimulo y de la astucia. Después de esto, no hay ya nada de qué asombrarse. Fuerza es admitir la existencia de semejantes individuos. Si no ha sostenido su papel hasta el fin, si ha entrado en el camino de las confesiones, me veo obligado a admitir la verdad de lo que él dice. ¿Y yo he estado ciego hasta este punto? ¿Y he roto lanzas yo por esos dos hombres?

—Te ruego que me digas cómo lo has sabido, y por qué te interesa tanto ese asunto—preguntó Raskolnikoff visiblemente agitado.

—¿Que por qué me interesa? ¡Vaya una pregunta! En cuanto a la noticia me la han dado muchas personas, y principalmente Porfirio. El es quien me lo ha dicho casi todo.