—Voy al extranjero.

—¿Cómo al extranjero?

—A América.

—¿A América?

Svidrigailoff sacó el revólver y lo montó. El soldado arqueó las cejas.

—¡Oiga usted! Este no es sitio de andarse con bromas.

—¿Por qué no?

—Porque éste no es sitio.

—No importa, amigo mío; el lugar es a propósito. Si te preguntan, di que me he ido a América.

Apoyó el cañón del revólver sobre la sien derecha.