los caballos mudaban fatigados;

mas a la fin llegados a los muros1455

del gran París seguros, la dolencia,

con su débil presencia y amarilla,[181]

bajaba de la silla al Duque sano,

y con la pesada mano le tocaba.

El luego comenzaba a demudarse,1460

y amarillo pararse y a dolerse.

Luego pudiera verse de travieso

venir por un espeso bosque ameno,