En fin al gran Danubio se encomienda;

por él suelta la rienda a su navío,[188]1495

que con poco desvío de la tierra,

entre una y otra sierra el agua hiende.

El remo, que deciende en fuerza suma,

mueve la blanca espuma como argento.

El veloz movimiento parecía1500

que pintado se vía ante los ojos.

Con amorosos ojos adelante

Carlo, César triunfante, le abrazaba