Él con su mansa lengua y largas manos

los tumultos livianos asentando,1565

poco a poco iba alzando tanto el vuelo,

que la envidia en el cielo lo miraba;

y como no bastaba a la conquista,

vencida ya su vista de tal lumbre,

forzaba su costumbre, y parecía1570

que perdón le pedía, en tierra echada.

Él, después de pisada, descansado

quedaba y aliviado de este enojo;