y la consorte cara, presurosa,

de un tal placer dudosa, aunque lo vía,1715

el cuello le ceñía en nudo estrecho,[207]

de aquellos brazos hecho delicados;

de lágrimas preñados relumbraban

los ojos que sobraban al sol claro.

Con su Fernando caro y señor pío1720

la tierra, el campo, el río, el monte, el llano,

alegres a una mano estaban todos,

mas con diversos modos lo decían.