toda de hiedra revestida y llena,
que por el tronco va hasta el altura,60
y así la teje arriba y encadena,
que el sol no halla paso a la verdura;
el agua baña el prado, con sonido
alegrando la vista y el oído.
Con tanta mansedumbre el cristalino65
Tajo en aquella parte caminaba,
que pudieran los ojos el camino
determinar apenas que llevaba.