el triste corazón me apretaría;

y en el rigor del hielo, en la serena

noche, soplando el viento agudo y puro,

que el veloce correr del agua enfrena,

de aqueste vivo fuego en que me apuro190

y consumirme poco a poco espero,

sé que aun allí no podré estar seguro;

y así, diverso entre contrarios muero.

EPÍSTOLA

Señor Boscán, quien tanto gusto tiene[286]