do el fiero ardor un poco se mitiga.

Figúraseme cierto a mí que sienta

alguna parte de lo que yo siento145

aquella tan amada mi enemiga.

Es tan incomportable la fatiga,

que si con algo yo no me engañase

para poder llevalla, moriría;

y así, me acabaría150

sin que de mí en el mundo se hablase.

Así que, del estado más perdido