y en el dudoso llano

huye la polvorosa

palestra como sierpe ponzoñosa.[328]45

Por ti, su blanda musa,

en lugar de la cítara sonante,

tristes querellas usa,[329]

que con llanto abundante

hacen bañar el rostro del amante.50

Por ti, el mayor amigo

le es importuno, grave y enojoso;