Mario, el ingrato amor, como testigo[386]
de mi fe pura y de mi gran firmeza,
usando en mí su vil naturaleza,
que es hacer más ofensa al más amigo;
teniendo miedo que si escribo o digo5
su condición, abajo su grandeza,
no bastando su fuerza a mi crueza,
ha esforzado la mano a mi enemigo.
Y así, en la parte que la diestra mano
gobierna, y en aquella que declara10