[142] puedes, debes no son consonantes, ni tampoco culebras, negras, [v. 945]; acabo, hago, [v. 1007]; faunos, silvanos, [v. 1157]; sangre, hambre, [v. 1205]; sangre, estambre, [v. 1242] y [1663]; campo, blanco, [v. 1257], y a propósito de esto dice Tamayo, fol. 54: «en este género de metro, como tan lleno de consonancias, no ofende al oído que alguna difiera en alguna letra... fuera de que en el furor de tan largo discurso como este de Nemoroso, es más permitida esta licencia, que denota el valor acreditado de Garcilaso, que podía reconocer sin reprehensión en sí, facultad libre para no reparar en menudencias tan accidentales.»
[143] «aferrar, de que en los siglos XVI y XVII se decía indiferentemente afierro o aferro, no admite hoy sino la última forma.» (Bello-Cuervo, Gram., pág. 77, n.)
[144] Empiezan aquí los loores a la casa de Alba.
[145] Se refiere a la ciudad de los duques, de la cual dice el refrán: «Alba de Tormes, baja de muros y alta de torres.» (Herrera, 626.)
[146] Habla de Fr. Severo, monje italiano, preceptor del gran Duque D. Fernando. «Este fraile fue el que, abusando de la confianza del Duque de Alba, D. Fadrique, engañó miserablemente a Luis Vives, que era el verdadero preceptor que el Duque de Alba quería para su nieto... Severo, que iba a Lovaina, se encargó de hablar a Vives y de entregarle una carta sobre el asunto, pero ni una cosa ni otra hizo, a pesar de haber tenido con él larga conversación más de diez veces. Ofendido el Duque por no recibir contestación, creyó que el sabio valenciano despreciaba su oferta, y dio la plaza de preceptor al mismo Fr. Severo, que con tan malas artes la había granjeado.» (Menéndez y Pelayo, Antología, tomo XIII, pág. 48.)
[147] Quintana se equivocó haciéndole benedictino y siciliano. (Obras inéditas de D. Manuel José Quintana, Madrid, 1872, págs. 117 y 118.) Era dominico y había nacido en Plasencia de Lombardía o en su campo. (M. Menéndez y Pelayo, l. c.)
[148] Refiérese a las famosas batallas entre cartagineses y romanos en la segunda guerra púnica.
[149] «En aterrar quieren los gramáticos hacer una distinción entre atierro, en sentido de “echar por tierra”, y aterro, en el metafórico de “consternar”, creyendo, sin duda, que en esta segunda acepción el verbo se deriva de terror.» (R. Menéndez Pidal, Gram. Hist., § 112 bis,-2.)
[150] «¿Cómo se pueden traducir en lenguaje vulgar estas maravillas? ¿Sería, por ventura, Fr. Severo un físico más o menos teósofo, a estilo de su tiempo, una especie de Cardano o de Agripa, iniciado en la magia natural, y aun en la teurgia? Si algo de esto hubiese sido, por otra parte lo sabríamos, y quizá los procesos de la Inquisición nos diesen razón de él como nos la dan del licenciado Torralba. Es muy probable que Severo tuviese algunos conocimientos de ciencias naturales, aparte de su física escolástica, y que las cultivase para recreo propio y de sus amigos; pero todo lo demás debe de ser pura fantasmagoría poética. Y lo que me confirma más en esta idea es que Garcilaso, en varios lugares de esta égloga, no hace más que poner en verso mucha parte de las prosas octava y novena de la Arcadia de Sanazzaro, como ya advirtieron en sus respectivos comentarios el Brocense y Herrera: los prodigios de Severo son los mismos que se refieren del mágico Enareto en la novela italiana... la adaptación de estos pasajes a Severo pudo tener algún fundamento en los estudios y aficiones de este; pero pudo ser también mero capricho del poeta. Una de las muchas convenciones del género bucólico era el uso frecuente de la magia y de las supersticiones gentílicas.» (M. Menéndez y Pelayo, Ob. cit., págs. 53 y 54.)
[151] amancilla: entristece.