—¿Por qué?

—Porque esa muerte me traería punzantes recuerdos.

Jenny se echó á reír.

—¡Ah! Es usted impresionable y sentimental, como buen francés… ¿Qué tiene de común la música de Verdi con esas impresiones pasadas?

—Se lo explicaré á usted, si así lo desea…

—No tengo tiempo, y es lástima.

—Pues bien, amiga mía, dijo Pector; ¿quiere usted cenar con nosotros esta noche, después de la ópera?

—Lo agradezco mucho, pero estoy muy cansada y necesito cuidarme la voz.

—Entonces, pregunté, ¿me permite usted verla en su casa mañana?

—Con mucho gusto. Vivo en el hotel de los Extranjeros, plaza de la Villa. Después de las cuatro, si á usted le parece. Tomaremos una taza de té y hablaremos.