queda roto y saqueado.»

Estas palabras diciendo

cayó al Zegrí desmayado.

Mucho lo siente el rey moro,

del gran dolor ha llorado,

al Zegrí quitan de allí

y a su casa le han llevado.

Dejando ahora los romances, y tornando a lo que hace al caso de nuestra historia, el rey D. Fernando asentó su real, y le fortificó con muy gran discreción y conforme práctica de milicia, y en una noche se hizo allí un lugar en cuatro partes partido, quedando en cruz; el cual tenía cuatro puertas, y todas se veían estando en medio de las cuatro calles.

Hízose esta población entre cuatro grandes de Castilla, y cada uno tomó un cuartel a su cargo.

Fue cercado de un firme baluarte todo de madera, y por encima cubierto de lienzo encerado de modo que parecía una firme y blanca muralla, toda almenada y torreada; siendo una cosa muy de ver, que no parecía sino labrada de una muy curiosa cantería.