y de tu muerte se alegren.»

Piensa Gazul que se burla,

que es propio del inocente;

y alzándose en los estribos,

tomarla la mano quiere.

«Miente, la dice, señora,

el moro que me revuelve,

a quien estas maldiciones

le vengan, porque me vengue.

Mi alma aborrece a Zaida;