de plumas y de jaeces.

La lanza con que ha de entrar

la tomó, y fuerte arremete,

haciéndola mil pedazos

contra las mismas paredes.

Y manda que sus caballos,

jaeces y plumas truequen,

los verdes en leonados,

para entrar leonado en Gelves.

Ya contamos como habiendo pasado aquestas palabras entre Lindaraja y Gazul, ella se quitó del balcón muy enojada y confusa, y dio con su mano a las puertas de la ventana, y con mucho furor la cerró inconsideradamente: mas después siendo de ello arrepentida, como aquella que amaba de todo corazón a Gazul, y sabiendo como desesperadamente había trocado sus aderezos verdes, azules y blancos, en leonados, y roto la lanza con enojo en la pared, como atrás se dijo; enviándole a llamar, que le esperaba en su jardín, trató con él muy largas cosas, y entre los dos se casaron, y ella le dio para irse al dicho juego de cañas a Gelves ricas preseas por su memoria.