Ya se comprenderá fácilmente que en este libro no nos ocupamos con detencion de nuestro pais: si la índole de una obra como esta, en la que solo están apuntadas las impresiones de un viaje, nos permitiera entrar en el exámen de su espíritu público, de la organizacion de la familia, de sus relaciones sociales, de su carácter digno y altivo, de sus grandes instituciones; entónces podríamos trazar un cuadro consolador y admirable. En otro libro que preparamos sobre el estado actual de la Europa, nos ocuparémos separadamente y con la extension necesaria de nuestra amada España.

Aquí solo apuntamos detalles y algunos datos estadísticos de verdadero interes para el que desee conocer un poco la patria de Cervantes y Calderon.

Habiendo trazado el cuadro de nuestros viajes por Europa y América, hemos creido de nuestro deber dar tambien un lugar en nuestras páginas á la España, con el único objeto de darla á conocer tal cual es, deshaciendo en cuanto podamos las equivocadas opiniones que de ella se han formado por muchos viajeros. Y como publicamos nuestro libro en Paris, haciendo ademas una edicion francesa, esperamos que nuestra patria será debidamente apreciada, con lo cual queda satisfecho nuestro primer deseo. Nosotros no pedimos mas que imparcialidad: así como en nuestro libro se encontrará un juicio desapasionado y exacto de cuanto hemos visto en las diferentes naciones que conocemos, del mismo modo reclamamos para España narraciones verídicas y justas.

Nosotros para ser estimados y respetados no necesitamos mas que una circunstancia, una sola, la de ser estudiados y conocidos.

Previa esta indispensable manifestacion, vamos á terminar nuestro capítulo sobre España, no sin consignar ántes algunas otras notas de importancia é interes para mejor conocer y apreciar el estado actual de España.

El clero español, que en muchos pueblos de Europa suponen poderoso, y á quien atribuyen una inmediata influencia sobre la marcha social de España, ocupa una posicion inmensamente diferente de la que hasta hace poco disfrutaba, y carece de esa accion que los que no conocen nuestro pais le suponen.

La revolucion política y social operada en España á consecuencia de la muerte de Fernando VII, ha emancipado para siempre al pueblo español de la influencia clerical que de un modo ilegítimo pesaba sobre él: las inmensas riquezas que la Iglesia española poseia, han sido vendidas por la nacion en su mayor parte: con la regeneradora medida de la desamortizacion, se ha prodigiosamente aumentado la riqueza pública, se ha impreso un poderoso movimiento de institucion al comercio y á la industria, se han creado muchos propietarios, se ha dado mayor vida á la agricultura, y se ha libertado el pueblo español de una influencia que le entorpecia en su majestuosa marcha.

Yo, que me vanaglorio de ser cristiano, no quiero en modo alguno para el clero otra influencia que la de su talento y su virtud, ninguna otra; no quiero jamas un clero rico que influya bajo tal consideracion.

Por fortuna la España no tiene que temer ese grande inconveniente: declarados justamente bienes de la nacion los que el clero retenía en su poder, y vendidos como están aunque por desgracia no todos, la influencia del clero español es hoy limitada y corta. Como en nuestra actual sociedad significa tanto, por desgracia, la riqueza, el clero ha perdido con los bienes que poseia la influencia que le daban: en los presupuestos de la nacion figuran las sumas con que el Estado atiende á los justos y necesarios gastos del culto y sus ministros: con esto solo se prueba que el clero no es rico, y no siéndolo como no lo es, no tiene otra influencia que la que de derecho le pertenece, la que le da su augusto ministerio y la que puedan prestarle sus virtudes y sus talentos.

Con esta manifestacion quedan victoriosamente contestados cuantos suponen equivocadamente que el clero de nuestros dias en España ocupa el mismo puesto que el de hace cien años: no hay mas diferencia que la de un siglo, y la de un siglo de constante progreso.