Tarea dificultosa debió ser la de don Gregorio para reunir los datos de la biografía de nuestro gran novelista, tanto más si se tiene en cuenta que las veladas alusiones y detalles autobiográficos que se hallan esparcidos en las diferentes obras de Cervantes no se presentan, en la mayoría de los casos, con aquella claridad que hubiera deseado el historiador, y se prestan muchas veces á torcidas interpretaciones.
No obstante, la publicación de la Vida de Cervantes obtuvo lisonjero éxito, siendo acogida por los doctos con verdadero entusiasmo, reimprimiéndose, tanto en España como en el extranjero, multitud de veces, y alcanzó el honor de ser traducida á varios idiomas, constituyendo por espacio de varios lustros la única fuente en la que pudieron saciar su sed los admiradores del "famoso ex cautivo de Argel".
La casualidad, unas veces, y el ímprobo trabajo de los cervantistas, otras, han venido posteriormente á poner en claro muchos puntos obscuros ó simplemente indicados en la obra de Mayáns. Hasta el año 1752 se tuvo como verdad inconcusa que la patria de Cervantes fué Madrid, pero el benedictino Fr. Martín Sarmiento hubo de leer en la Topographia é historia general de Argel, compuesta por el P. M. Haedo, los sucesos de Cervantes durante el cautiverio, donde se afirma que era un "hidalgo principal de Alcalá de Henares". Transmitida esta noticia á los amigos del sabio continuador de Feijóo, buscaron en aquella ciudad la partida de bautismo del autor de La Galatea, documento que fué el primero en publicar don Agustín de Montiano y Luyando, en 1753, y que figura en la página 10 del Discurso segundo sobre las Tragedias españolas, impreso en Madrid por el tipógrafo Orga, establecido más tarde en Valencia.
Los posteriores trabajos de los cervantistas Pellicer, Clemencín, Navarrete, Asencio, Pérez Pastor y otros son tan conocidos como las obras del inmortal creador de Don Quijote de la Mancha.
En cambio, la obrita de Mayáns ha sido injustamente olvidada, pues, aparte de haber sido la primera en el orden cronológico, todavía conserva en algunos puntos verdadero interés y se lee con delectación por la viveza de su estilo y las curiosas noticias que contiene.
J. GIL Y CALPE
AL EXCELENTÍSIMO SEÑOR DON JUAN,
BARÓN DE CARTERET, ETC., ETC.
EXCELENTÍSIMO SEÑOR:
Un tan insigne escritor como MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA, que supo honrar la memoria de tantos españoles y hacer inmortales en la de los hombres á los que nunca vivieron, no tenía hasta hoy, escrita en su lengua, vida propia. Deseoso V. E. de que la hubiese, me mandó recoger las noticias pertenecientes á los hechos y escritos de tan gran varón. He procurado poner la diligencia á que me obligó tan honroso precepto, y he hallado que la materia que ofrecen las acciones de Cervantes es tan poca, y la de sus escritos tan dilatada, que ha sido menester valerme de las hojas de éstos para encubrir de alguna manera con tan rico y vistoso ropaje la pobreza y desnudez de aquella persona dignísima de mejor siglo, porque aunque dicen que la edad en que vivió era de oro, yo sé que para él y algunos otros beneméritos fué de hierro. Los envidiosos de su ingenio y elocuencia le murmuraron y satirizaron. Los hombres de escuela, incapaces de igualarle en la invención y arte, le desdeñaron como á escritor no científico. Muchos señores, que si hoy se nombran es por él, desperdiciaron su poder y autoridad en aduladores y bufones, sin querer favorecer al mayor ingenio de su tiempo. Los escritores de aquella edad (habiendo sido tantos), ó no hablaron de él, ó le alabaron tan fríamente, que su silencio y sus mismas alabanzas son indicios ciertos, ó de su mucha envidia, ó de su poco conocimiento. V. E. le tiene tan justo de sus obras, que ha manifestado ser el más liberal mantenedor y propagador de su memoria; y es por quien CERVANTES y su INGENIOSO HIDALGO logran hoy el mayor aprecio y estimación. Salga, pues, nuevamente á la luz del mundo el gran Don Quijote de la Mancha, si hasta hoy caballero desgraciadamente aventurero, en adelante por V. E. felizmente venturoso. Viva la memoria del incomparable escritor Miguel de Cervantes Saavedra. Y reciba V. E. estos apuntamientos como cierta y perpetua señal de la gustosa y pronta obediencia que profeso á V. E. Y cuando yo en ello no haya conseguido el acierto que merecen los preceptos de V. E. (que no vivo tan satisfecho de mí, ni soy tan ambicioso que presuma y espere tanto), á lo menos quedaré contento con la gloria de mi obsequio.