Castro debió componer esta obra poco después de la aparición del Quijote, y se conoce una edición impresa en Valencia en 1618.
En la titulada El curioso impertinente, también reproducida en Valencia, en 1908, por el erudito cervantista don Francisco Martínez y Martínez, tomó el asunto de la novela cervantina, pero variando el desenlace, para que terminara en casamiento. Siguió á Cervantes tan de cerca, que no sólo produjo los pensamientos, sino hasta las palabras del original.
En La fuerza de la sangre se permitió mayores libertades que en la anterior: introdujo nuevos personajes y hasta alteró los nombres de los que figuran en la novela del mismo título.
Vicente Esquerdo (1600-1630) también imitó á Cervantes en la comedia titulada La ilustre fregona, y que se sabe fué representada en Valencia por la compañía de Baldés en 1.º de Julio de 1619.
El reverendo Padre Antonio Eximeno (1729-1808), polígrafo eminente y autor de la Apología de Miguel de Cervantes sobre los yerros que se le han notado en el Quixote, Madrid, 1806, dejó entre sus papeles manuscritos una obra titulada Don Lazarillo Vizcardi, que es una sátira contra los malos músicos á imitación del Quijote. Publicada en los volúmenes X y XI de la colección de Bibliófilos españoles (Madrid, 1872), fué admirablemente recibida por la crítica, considerándola por su elegante y correcto estilo como una de las mejores imitaciones del Quijote.
Otro ingenio valenciano, Martínez Colomer (1763-1820), intentó imitar la novela Persiles y Sigismunda en la titulada Trabajos de Narciso y Filomena, y en la nominada La Ruperta, que debía estar fundada en un episodio del Persiles. Ambas novelas se han perdido, aunque aparecen mencionadas en la Biblioteca valenciana de don J. P. Fuster.
Por último, en el pasado siglo, se representó en el teatro de la Libertad (hoy Princesa) una pieza en un acto, sin nombre de autor, y que lleva por título Don Quijote séptimo. Valencia, V. Daroqui, 1872. En octavo, 16 páginas.