Algunos años más tarde se opuso á esta teoría el docto catedrático de Literatura de esta Universidad don José Vicente Fillol, quien afirmó en su Literatura española (Valencia, 1872), que si el propósito de Cervantes hubiera sido el que afirmara Salvá, "el resultado hubiera distado mucho del propósito, pues lo cierto es que desde entonces se acabó la manía perniciosa de la caballería andante, y con ella los libros que servían para perpetuarla".

Finalmente, y como modelo de crítica cervántica, insertaremos el acertado juicio del sabio catedrático valenciano don Saturnino Milego é Inglada, que resume y compendia todo cuanto puede decirse del hijo ilustre de la antigua Compluto:

"Como artista pertenece Cervantes á su siglo; como pensador, á la posteridad. Conocedor discreto del corazón humano, sabe herir sus más delicadas fibras y arrancarle ecos profundos, sorprendiendo sus secretos. Educado en la ruda escuela de la desgracia, testifica una experiencia que encanta por la melancólica suavidad con que se impone. Cervantes, discreto y prudente al lado de los soberbios, agudo y festivo sin atropellar las leyes del decoro y de la conveniencia, morigerado y sufrido, devora las mortales ansias de sus acerbas postrimerías, solo y olvidado.

"Así son los genios: inmensos receptáculos donde se condensan las ideas, los dolores, las alegrías, las creencias y las esperanzas de toda una edad. Faros brillantes, guían nuestras almas mostrándonos lo porvenir, huyendo de las tinieblas de lo que fué, irradiando resplandores luminosos á manera de aurora que anuncia toda nueva florescencia: Homero, Esquilo, Dante, Tasso, Cervantes, Shakespeare, Molière, Fidias, el Giotto, Rafael, Murillo, según la expresión feliz de un crítico eminente, son flores terrenas que nutren la savia en su doble corriente histórica y contemporánea. Nacen á la luz en el momento en que debieron nacer; su aparición es inevitable fatalismo, el genio anticipado llámase locura, excentricidad, extravagancia; sus obras triunfan, sin embargo, de la indiferencia, de la envidia y del odio, prolongándose á través de las generaciones."

De este modo elocuente han juzgado los sabios valentinos la inmensa labor del regocijo de las Musas y han testimoniado su profundo respeto y admiración sin límites hacia el mejor escritor de nuestra amada España.

FIN DE "EL CERVANTISMO EN VALENCIA"

NOTA:

[263] Tomo IV, pág. 529 y siguientes de la versión española.

EDITORIAL PROMETEO.—VALENCIA