Aseados, despiertos, destrísimos en su lenguaje de signos, y con aquella mirada centellante, indagadora, maliciosa del sordo-mudo, nos examinaban atentos.

Hicimos á algunos niños preguntas sobre la historia de México, y contestaban escribiendo en el pizarron, con tal certidumbre, exactitud y aplomo, que quedamos sobremanera complacidos.

Por sus propias inspiraciones, una de las alumnas, al hablar de la historia contemporánea, concluyó deseando paz y prosperidad á esta tierra mexicana, bendecida por el cielo.

Los ciegos, con aquellas fisonomías de exhumados, con aquellos rostros dejados á guardar en la tierra, miéntras sus almas vagan en lo desconocido; los ciegos, digo, mostraron adelantos sorprendentes.

Entre todos los que se educan en la escuela, llamó mi atencion y captó mis simpatías una jóven sordo-muda como de diez y seis años.

—Vd. no tiene idea de una fisonomía más expansiva, de una alegría más ingénua y de facciones más movibles y elocuentes.

Preguntáronle á qué nacion habia pertenecido California, y con su manecita primorosa escribió “México,” no sin dirigirnos una mirada llena de expresion delicadísima.

Deseando alguno de los concurrentes borrar alguna nube sombría que acaso creyó percibir en nuestros semblantes, invitó á la preciosa criatura á que imitase con la fisonomía á algunos de los animales que conocia: yo no puedo decir á vd. cómo se verificó la trasformacion aquella; con el cabello fingió las orejas hácia atrás, aguzó su boquita, hizo saltones sus ojos, tendió el cuello, encogió las piernas.... yo no sé, era un perro perseguido que huia alebrestado y se volvia.... y se embarraba en la pared temblando.... despues imitó una liebre, luego un zorro, atisbando y persiguiendo gallinas: aquella fisonomía era todo un espectáculo encantador, cómico, lleno de gracia.... por último, le dijeron se despidiera de nosotros remedando á un jorobado, y no puedo decir á vd. cómo desquició su pecho, levantó su espalda, hundió entre los hombros el cuello y dió á su fisonomía el mirar malicioso, la sonrisa irónica y el conjunto sarcástico de los jorobados. Divina muchacha.... y tan pura y tan infantil, que aplaudimos todos y ella se pavoneaba, andando en las puntas de los piés y representando un guajolote que hacia la pompa y cimbraba sus alas, arrancando nuevos aplausos.

Preguntamos al fin el nombre de la adorable suplantadora del arca de Noé, y con la máquina de escribir puso en varios papelitos: “Mi nombre es MAGGIE AITKEN.”

En el establecimiento de ciegos, poco llamó nuestra atencion, porque el de México está á la altura de los adelantos que allí se notan, aunque siempre en inferior escala.