—Vd. diga lo que le parezca; pero con el sistema de vd., solo se conocerá el anverso de la medalla.
—¿Y quién me garantiza la verdad de cuentos y consejas que unos afirman y otros desmienten? Ya ha oido vd. lo de la exposicion que nos contó el españolito: eso no es creible.
—Yo no sé si aquí en San Francisco existirá; pero en Nueva-York, yo he sido objeto de exposicion.
—Véamos cómo.
—Aseguráronme algunos amigos calaveras que varias damas, ofendidas del desden de sus compañeros á quienes absorben totalmente los negocios, formaron sigilosamente una asociacion para proveerse de novios.
La asociacion costea una casa magnífica, á cuyos corredores, llenos de flores, estancias deliciosas y retirados gabinetes, se atraen por medio de agentes, diestros viajeros de la más alta distincion y hermosura; allí pasean los galanes, miéntras por una entrada subterránea penetran aisladas, á miradores con espesas celosías, damas opulentas: allí ven y examinan á los paseantes, haciendo conducir cuando conviene, á la presencia de la hermosa, al objeto de su eleccion.
—Hombre, calle vd., clamé; calle vd., por el amor de Dios: eso, dado caso que fuera cierto, no me lo creerian en mi tierra, aunque me pusiera en cruz.
—Pues ménos habrán de creer lo que se platica, muy en secreto, pero en todas partes, del Blak room.
—¿Qué quiere decir eso?