Aquí consta la introduccion de chocolate procedente de San Francisco, donde existe una fábrica magnífica para proveer á pueblos mexicanos.
Ya vd. ve: frijol, mantequilla, rollos de estera, fideos y otros artículos de primera necesidad, nos hacen depender de San Francisco; ¿qué más? aquí ve vd. 2,727 cajas de velas importadas á México.
Hay efectos, como por ejemplo, los calzados, que figuran por 87 cajas, y son más del triple lo que se introduce de contrabando.
Nuestra tarifa para proteger á los artesanos de México ha querido que anden descalzos en las costas: aquellos pueblos no se han conformado y han hecho santamente: botas magníficas á cuatro pesos, botines claveteados á tres, vienen de California y se consumen con gran placer de los interesados.
Lo más singular es que los pocos zapateros que hay en las costas, han consumido veinticinco cajas de hormas y diez de herramientas; de suerte que si para proteger á los hormeros y herreros mexicanos logra un círculo que se alcen los derechos, quedan lucidos aquellos zapateros.
Otro tanto sucede con los carruajes: se han introducido veinticinco bultos con derechos exorbitantes; puede decirse que el contrabando ha sido cuadruplicado.
¿Pero es posible que para proteger á las carrocerías de México, carguen como béstias los hombres de las fronteras y de las costas?
Un carro mexicano de cuatro ruedas costaria en Guaymas quinientos ó seiscientos pesos, llegando destartalado y en mala posicion á su destino: un carro importado de San Francisco puede costar doscientos pesos. ¡Bestial sistema protector!
Ya vdes. han visto: maíz, jabon, velas, frijol, mantequilla, jarcia, de todo nos surte el extranjero: la prohibicion ha hecho nacer una sola de esas industrias que son genuinas del país. ¿La proteccion ha sido á la industria ó al abandono y la pereza?