Hijo de aleman, Sleidem posee ese idioma, el inglés, el frances, y habla con los mismos modismos y la misma sal y pimienta que nosotros. Honradez, instruccion y buen humor, son las divisas del carácter de Sleidem.

En el cálculo más que yankee, con las damas más rendido que mexicano y que frances, y al trabajar y beber le llama la sangre tedesca que bulle en sus venas.

Sleidem lo sabe todo. Confecciona una factura en tres trancos, se alista para un baile en un decir Jesus, y en un abrir y cerrar de ojos hace servicios importantes á sus amigos, siempre alegre y siempre dando á entender que le produce contento servirnos.

Sleidem me instruyó en todos los inconvenientes de los trámites que exige el arancel en las copias de las hojas de despachos, juegos de facturas y tanto requisito impuesto, que hacen onerosísima la preparacion de salida de un cargamento mexicano.

En lo familiar, no hay más que decir sino que Sleidem es un excelente amigo y que nada sorprende más, sino ver salir relámpagos de sensibilidad exquisita y de tiernos afectos, de aquella locomotora de cálculos y de negocios.

Sleidem es miembro de varias sociedades y clubs mercantiles, pulsa el piano, bebe alegre y es oportuno en sus acciones y palabras.

Es de advertir, que para hacerse lugar un mexicano entre yankees, se necesita su sal y pimienta, por la codicia de éstos, por el desden con que en general nos miran y el concepto que tienen de nuestra indolencia y orgullo.

De la escuela de Sleidem son Loaeza, Gutte, Lohse, Newman y otros extranjeros y mexicanos, entre quienes tiene nuestra patria generosos apologistas.

El Dr. Rodger es americano, casado con una mexicana de dulcísimo carácter y á quien el doctor adora; seco, meditabundo, frio, á primera vista parece inaccesible.