—Lee, Guillermo, lee la constitucion, y dínos cuatro palabras.
—Pues, aunque me pierda, y aunque me llamen insustancial y para nada.... y aunque tengan en cuenta este arrebato los árbitros de todas las elecciones futuras, no escribo más.
—Dí siquiera, que los ciudadanos son muy celosos de intervenir en las funciones públicas, porque saben que todos deben entender en lo que á todos importa.
—No insistas en que diga lo que todo el mundo sabe, y es, que la organizacion de los Estados es lo mismo que entre nosotros; esto es, tienen su gobernador, su legislatura, con cámara de diputados y senadores, sus autoridades judiciales nombradas por el pueblo.
—Los oficiales municipales son nombrados tambien popularmente: el asesor, el recaudador de contribuciones, el constable ó encargado de la policía, el recorder ó juez de lo civil, el tesorero y el juez de paz....
La poblacion entera del Estado nombra gobernador, vice gobernador y empleados judiciales, secretario de Estado, el controller, especie de ministro del interior, tesorero ó ministro de Hacienda, porque aquí no hay la distincion de México, que duplica y embrolla las operaciones de Hacienda; el attorney general ó procurador general, el surveyor general ó inspector de trabajos públicos, el superintendente ó inspector de la instruccion pública y el ayudante general.
—Alto! alto! por Dios; te tengo dicho que no quiero nada sério ni emperingonotado, ni empedrado de nombres ingleses, en que me turbo y me descompongo como un animal.
—¿No ves que han empleado tomos enteros, Toqueville, Laboulay, Chevalier y otros para desembrollar esas cuestiones, guisándolas siempre á la francesa?
¿No ves que la igualdad, y la igualdad práctica por las relaciones sociales es lo que mantiene en órden toda aquella máquina, y que esa igualdad no la conocemos ni la conocen aquellos?