Pero en todos esos incidentes, cuánto rasgo de infinita ternura y de heroismo.

Aquella polluela pendiente del cambio de fortuna, sin una queja, ni un desahogo, perseguida por sus padres, agasajada por un novio opulento, y ella, remachada á su esperanza que florece entre la última yerba del presupuesto, ó colgada de una charretera de teniente.

LIT. DE H. IRIARTE MEXICO.

Interior de un Carro Palacio en el Interior del Pacifico.

Aquella jóven que pasa de la fortuna opulenta á la miseria, que se desnuda de dijes y joyas, y que miéntras más persigue la fortuna al amante, se muestra ella más amartelada y consecuente.

Aquel “no te aflijas, bien mio, Dios nos abrirá camino. Dios aprieta, pero no ahoga....”

Y aquel decir una madre: “yo no quiero para mi hija.... ricos ni potentados; quiero un hombre de bien que la ame mucho, mucho....” eso es divino, y esa es fruta que solo se da bajo el lindo cielo de México....

Los palmoteos, los ¡hurras! las copas, vinieron á coronar mi discurso; pero la americana no se dió por vencida: púsose en pié, y exclamaba, esforzándose por darse á entender....