Que á tu virginal cabeza,
Como hoy, adorada niña,
Siempre engalanada ciña
La auréola de la pureza.

No dé sombra la tristeza,
Cármen, á tu dulce hogar,
Que en el duro batallar
De la suerte, al fin rendida,
Haga más feliz tu vida
Que lo que fué al comenzar.

Guillermo Prieto.

Omito la relacion de mis visitas á mis amigos Carrascosa, Gaxiola, Dr. Rodger, Schleidem y otros amigos, porque las flores de la ternura se conservan mejor á la sombra.

Por una razon análoga no menciono á mis amigos de la prensa, á quienes merecí distinguidos favores, y los que supieron conquistar lugar distinguido en mi corazon.

Cuando volví á mi hotel, dormian todos profundamente: las puertas estaban entreabiertas, esperando el aviso de los criados.

Yo me tiré vestido en la cama, y oia el despertar de la ciudad entre las tinieblas, percibiendo á lo léjos el agudo clamor de los ferrocarriles y vapores.

XXXII