I

City-Hotel.—Primeras impresiones.—Primer romance á Carrascosa.

Perezosa y malmodienta me saludó la aurora del 13, que 13 habia de ser para anunciarme duelos y quebrantos; y fué el saludo entre tales lloriqueos de lluvia, que realmente me partieron el corazon.

La gran distancia á que me encontraba de mis compañeros, porque realmente estaba habitando entre las nubes, la estrechez del cuarto, el amontonamiento de paredes y tejados, cucuruchos de palo y tejavanas, me tenian como preso.

No obstante lo reducido del cuarto, era por demás sombrío: prendí un cerillo, extrayéndolo de un zoquete de madera que tiene, en figura de peine, divididos los palillos que se van arrancando á medida que la necesidad obliga. La pestilencia á azufre de los tales fosforitos, es intolerable.

La lluvia me redujo á prision.

En el primer piso, en vecindad armónica con el comedor y el salon de lectura, está la barbería, servida por unos negros de greña canosa, corbatas azules y desgobernada chancla, que deja percibir talones como matatenas. Habia tambien unos baños dispuestos, por la pulmonía y el desaseo, á las mil maravillas.

Para distraer mi tristeza, tomé la pluma y escribí á San Francisco á José Carrascosa, dándole cuenta de mis primeras impresiones. Suena la música: