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Opulento banquero, le da suelta
A sus instintos de amoroso padre,
Y celebra de su hija el natalicio,
La flor de la beldad y los magnates.
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Era Lilia una niña, muy más bella
Que de Murillo y de Rafael los ángeles,
Pálido el rostro, de ébano el cabello;
Y el mirar tierno de sus ojos grandes,