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Del amplio cenador, seda y armiño
Suspendieron pomposos cortinajes;
Y era de un solo espejo el ancho muro,
Y sembrados de soles sus cristales,
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Entre claveles que su labio abrian,
Entre acacias y nardo y tulipanes,
Que como ébrios de luz se reclinaban
De estatuas en los blancos pedestales.