La llegada de nuestros compañeros, que habian ido á visitar el Niágara y Nueva-York, nos distrajo de aquellas reflexiones, objeto frecuente de nuestra conversacion.
Llegaban, entre otros, Joaquin Alcalde, mi hijo Francisco, Cárlos Alvarez Rul y José Iglesias Calderon.
Nuestro gozo fué extremo: Alcalde hablaba de la grandiosidad del Niágara, su aspecto sublime cubierto de nieve, y las peligrosas excursiones sobre el hielo, con sus largos bastones, sus capotes de hule y sus espigas en el calzado.
Francisco me hizo muy buenas reflexiones sobre ferrocarriles de vía ancha y angosta, los puentes colgantes, telégrafos y otras cosas conexas con sus estudios favoritos; José Iglesias traia vistas y apuntaciones del acueducto de Chicago y del Lago de Michigan, y Cárlos Alvarez Rul, que se habia captado nuestras simpatías por su finura, su valor y su alegría en medio de los trabajos, además de observaciones curiosas sobre el servicio de las postas y telégrafos, charlaba de lo lindo sobre costumbres, restaurants y ladies, á las que no sé á punto fijo si es afecto, pero sí me consta que ve con particular atencion.
Aquel encuentro fué como un relámpago de contento: nos dispersábamos en la mañana en todas direcciones y despues, muchachos y viejos, venian á mi cuarto, donde se bebia siempre y siempre imperaba el buen humor.
—Apunte vd., me decia Alcalde, lo que dice este libro, que es curioso: "Cartas sobre los Estados-Unidos y el Canadá." Aquí, pág. 240, lea vd.
"El comercio del algodon, el grande artículo de riqueza de Orleans, del que exporta un millon quinientas ó seiscientas mil balas, está concentrado en la calle de Carondelet, donde se encuentra el Cotton Exchange, propiedad privada de una asociacion. Hora por hora se inscriben con gis en grandes tablas negras, todas las noticias concernientes á la cosecha, estado de los mercados en los Estados-Unidos y en Europa, etc., etc.
"Más léjos se encuentra el cuartel, especialmente dedicado al comercio de los productos del Oeste, lardo, carnes saladas, maíces y harinas."
Otros me hablaban de los edificios, los otros de los paseos......
—Piano.... piano.... chicos, les decia yo á todos, que no se ganó Zamora en una hora.