Así como la intensidad de la impresion que produce la catarata no permite su prolongacion, así despues de haberse visto quiere volverse á ver de nuevo, como para iniciarse en sus intimidades, como sucede con el mar.
Yo queria que aquel espectáculo grandioso fuera para mí solo, hacerlo mio, absolutamente mio, como si se tratase de una querida.
Preocupado con este pensamiento, me puse de acuerdo con el portero del hotel, y á las dos de la mañana me hallaba en el pretil de ladrillo saliente que ya conocemos al comenzar nuestra excursion.
Allí ví un guardia con su farolillo, que me examinó con marcada desconfianza y me siguió constante.
La luna brillaba entre nubes, el grande estrépito retumbaba en las tinieblas, y las casas cerradas, y los caminos solitarios, y las copas de los árboles dominando sobre el abismo, ofrecian un cuadro de encanto indefinible. Volví al hotel, y allí escribí los versos que siguen y dediqué á mi excelente amigo Néstor Ponce de Leon:
AL NIÁGARA.
En la noche me despierto
Por ver si la noche puede,
Hacer sombra que remede