Ayudóme eficazmente á cortar la hebra eterna del algodon, la llegada de Pepe Quintero, así le llamamos en familia á José Agustin: llegaba, como siempre, de excelente humor, llevándome de regalo, unos dulces, un vinillo blanco sabrosísimo y creador de pensamientos felices....

—Aquí le tiene vd.... dijo, señalándome, á un elegante jóven que le acompañaba: el señor es el famoso D. Guillermo Prieto, que vd. busca.

—Vengo, me dijo el jóven, poniendo en mis manos un Album, de parte de la Señorita Emma H***, á quien conoció vd. en el "Granada," que sale dentro de unas cuantas horas de esta ciudad, y que suplica á vd. ponga cuatro letras en este Album.

—Caballero, tome vd. asiento y echemos un trago.

Despues de tan sensata introduccion, diré á vd. que yo soy incapaz de negar á una señorita como Emma, á quien debí mil atenciones, un verso; pero á estas horas el hambre me pone rabioso y despues de comer soy un boa que solo se ocupa en dormitar y digerir.

—Cierto, dijo Quintero, me consta: deje vd. su libro y mañana estará listo.

—Oh! no, señor, dijo muy amablemente el jóven, yo no me desprendo del señor sino despues del verso, porque tengo empeñada mi palabra de honor.

—Pues siendo así, repliqué, venga el tintero: el honor de vd. es cosa sagrada.... y librarme de un alguacil, dije para mis adentros, es cosa tambien muy urgente para mí.

En materia de tintero, Pepe es un prodigio, porque siempre escribe con lápiz: el tintero estaba incapaz; refaccionamos la tinta con agua, pedimos á un vecino pluma, y por fin, produje como laborioso alumbramiento, eso sí, en los vivos aires, el versito que sigue:

TO EMMA BRIGHAND.