Para amparar amante al barco triste

Que se va hundiendo náufrago en las olas?

Ave de dulce canto,

¿Por qué dejas tus mágicos pensiles?

¿Por qué del lago el delicioso encanto

Y su faz sosegada y cristalina,

Para trinar entre la ingrata yerba

Que surge entre las grietas de la ruina?

¿Por qué, poeta, al trovador errante,

Al que tiene en la planta vivas llagas