Nueva-York.—Julio 20 de 1877.


XV

Bellas artes.—Literatura.

Ahora sí me puedo dar gusto elogiando un capítulo de mi obra; ahora sí que entré en esa fácil gloria de los que hacen recopilaciones, índices y cuadros sinópticos que arden en un candil y procuran reputaciones colosales.

Esto de las bellas artes me traia desasosegado; por una parte, decia yo, sigamos la corriente y digamos, haciendo coro con todos los viajeros, que estos hombres no son para la inspiracion y para el buen gusto; citemos esos muñecos que son delicia de muchos, con sus colores rechinantes y sus oropeles; pongamos en espectáculo esas rocas formadas de trozos de jamon y esos mares cuyas olas parecen de algodon escarmenado; con esto lisonjearemos á los que rabian de ver la prosperidad de estas gentes, y se realza indirectamente nuestra reputacion de patriotas, pues se deja entender que para nosotros hay algo de muy superior en nuestra tierra. Pero no dejaba de escocerme recordar que en cada pueblo habia visto una academia de música ó dibujo, y las muy cuantiosas sumas dedicadas al cultivo de las artes, ya por el Gobierno, ya por los particulares. Además, en los grandes salones, en los teatros, en algun museo, habia visto obras de verdadero mérito, y no me parecia lícito cerrar los ojos á la evidencia, para adular servilmente una preocupacion por extendida que estuviese.

Revolviendo tales dudas en mi cabeza, consulté con mi amigo el Sr. Lic. D. Ignacio Mariscal, que aunque no ha hecho estudio detenido sobre la materia, ajena á su actual encargo y posicion, es persona de excelente criterio, de clarísimos talentos y de muchísimos más conocimientos que yo de los Estados-Unidos.

Es de advertir que promoví conversacion á mi amigo, á quema ropa, en medio de la calle, sin que tuviese á mano modo de rectificar sus opiniones; sin embargo de aquel asalto, y conservando en mi memoria letra á letra sus palabras, hice las siguientes apuntaciones, que espero no encontrará adulteradas su autor, y que verán sin duda con muchísimo gusto mis lectores:

"No están las bellas artes en los Estados-Unidos tan adelantadas como las artes útiles, que constituyen la industria; y, ni en número, ni en calidad, pueden todavía compararse los artistas americanos con los que hay en algunas naciones de Europa. Tampoco existen en ese país las grandes colecciones públicas de objetos artísticos formadas por el trascurso de los siglos y las rapiñas de los conquistadores. Sin embargo, se exagera mucho al hablar del atraso de los yankees en este ramo, y á la verdad en él tambien han hecho progresos considerables, si bien no guardan proporcion con sus adelantos de otro género. Para convencerse de ello, sin necesidad de haberlo visto, basta reflexionar en el íntimo contacto que guarda ese pueblo con la Europa, de donde recibe una contínua emigracion que á veces comprende artistas é individuos de una especial cultura, y en que la costumbre de sus ricos de viajar por el viejo mundo trayendo á sus hogares cuadros, estatuas, etc., es preciso que desarrolle el arte en aquel pueblo, más allá de lo posible en naciones comparativamente aisladas. De algunos años á esta parte, es asombroso el número de americanos que van anualmente á Francia, Inglaterra, Alemania, Italia, y aun España, con el fin, entre otros, de estudiar sus tesoros artísticos. Durante el verano, suman estos turistas de cincuenta á sesenta mil, muchos de los cuales consignan sus observaciones en viajes y aun obras didácticas, que popularizan las nociones sobre bellas artes. Otros dan disertaciones (lutaces), para las que nunca falta auditorio.