—Ha hablado vd. de las aguas medicinales; los lugares destinados á baños están rodeados del mismo ó semejante aparato de distracciones.
Mañana y tarde se anuncian los baños, suspendiéndose en cada baño una gran bandera á un alto mástil. Enarbolada la bandera, se da á entender que los baños están listos, porque su buen estado depende de la marea. Por lo demás, continuó el doctor riendo, ya vd. nos ha hablado bastante, describiendo á Rokway, de ciertas exhibiciones; pero lo que no llamó á vd. la atencion y lo extrañé, es que esas exhibiciones, para vd. y para nosotros alarmantes, los yankees las ven con profunda indiferencia, nadie se permite un espionaje ofensivo, nadie excita á un compañero á una contemplacion irregular, nadie deja su copa, ni su baile, ni su conversacion, por el cultivo de las escenas de la escuela realista, y eso le quita mucho al espectáculo, del carácter de inconveniencia que pudiera tener entre nosotros.
Los postres estaban en la mesa, se entraba por las puertas del comedor una tortilla de huevos flamante, y al través del azulado incendio, sonreia la costra azucarada del manjar aleman.
Era la hora de las tiernas expansiones: mis amigos me dieron la dulcísima sorpresa de que una lindísima niña, por quien conservo recuerdos muy cariñosos, me recitara un bello romance de mi querido amigo Pedro Santacilia, que coloco aquí como una joya literaria, y que se ha convertido en la fórmula expresiva de los hijos de Cuba, que lloran á la patria ausente á las orillas del magnífico rio Hudson.
Habla María, que María habia de ser para que yo la amase con tanta ternura:
EL DESTERRADO.
Tan léjos ¡ay! de su tierra
Como él ¡quién no llorara!
D. Delmonte.
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