Por ese tiempo se instalaba la Colonia de New-Haven, bajo la direccion de Teófilo Eaton, Ministro religioso que fungió de Gobernador cerca de veinte años.
Los colonos tuvieron su primera reunion bajo una encina, y Davenport, su Ministro, les dirigió una fervorosa locucion.
Por la palabra y por la influencia de este Ministro, fué reconocido que la Escritura era la regla perfecta de un Estado; que la pureza de la fé, y la rigidez de la disciplina, son los grandes fines del órden civil, y que por consiguiente, solo los miembros de la Iglesia tenian los derechos de ciudadanos.
La palabra de Dios fué proclamada la sola regla de los negocios públicos.
En Masachussets, como en New-Haven, el derecho criminal estaba tomado literalmente del Levítico y del Exodo.
La idolatría, la hechicería, la blasfemia, la traicion, el asesinato, el falso testimonio, el adulterio, etc., eran castigados con pena de muerte, porque así lo habia ordenado Moisés.
Confundidos el magistrado y el sacerdote en unas mismas funciones, se descendió hasta lo más íntimo de la vida para la reglamentacion; leyes que se han conservado con el nombre de leyes azules.
Entraron en los reglamentos, vestidos, calzados, cintas y dijes; se abolieron las pelucas, se prohibió el uso del tabaco, se caracterizó en todo de austera, singular y extravagante, la comunion puritana; pero en el fondo, las libertades todas se afianzaron en una moral sólida, robustecida por la fé religiosa.
La forma de gobierno fué la de las otras colonias: Gobernador, Asistentes ó Consejo, elegidos por el sufragio universal. Poder absoluto para gobernarse por sí mismos los colonos. Jacobo II atacó la colonia y las libertades de Conneticut como las otras; pero la noche que se les exigió su carta constitutiva, en medio de un tumulto se extinguieron las luces, se recogió la carta y se depositó en el hueco de una encina que se conserva con la mayor veneracion.
Hé aquí en dos palabras la historia de New-Hampshire y Maine.