Calle de **** 2º núm. 4.
Ahora mismo.
Leonor.
¿Quién lo creerá? aquello fué para Fernando como el prólogo de una aventura de libertino. No vaciló; dejó á los compañeros y partió tras el muchacho; iba en el camino ensayando vil, actitudes cómicas, palabras de disculpa.... farsas de sentimentalismo....
Aseguro á vdes., por mi honor, que Fernando no era un malvado; pero, ó no tenia conciencia del mal que hacia, ó se le figuraba que era pasar por desairado y por imbécil, dejar sin galantear á una hermosa. Acaso pensó en que la jóven Leonor, con su actitud doliente y con sus lágrimas, con la pintura de su desesperacion y su abandono, tambien le representaba una comedia. ¡Nos da tantos tintes de experimentado y de diestro, decir que todo es artificio en las mujeres! ¡Nos acredita tanto decir que en ellas todo es fingimiento! ¡Es de tan mal tono presentarse como crédulo! Poseido de estas ideas, cuando el remordimiento atravesaba su espíritu, lo desechaba, y la entrevista misma se le presentaba con el atractivo de una novelesca aventura.
Entró risueño, feliz, en la casa.... era una humilde casa de vecindad, trascendia á incienso.... estaba regada de trebol y flores la escalera; subió precipitado, preguntó por Leonor.... Estaba en el quicio de una vivienda.... al frente de la puerta habia un altar, entre cortinas blancas como nieve salpicadas de rosas; la cera aún ardia: se acababa de servir el pan eucarístico.
Volvió el rostro: en un lecho purísimo de armiño, descansaba Leonor.... sus ojos le atraian con infinita ternura.
Fernando se acercó aterrado, estupefacto, yerto....
La niña retiró á la gente: quedóse sola con Fernando, y le dijo:
—Con mi alma lo amé.... con toda mi alma, y quiero dejar aquí mi secreto, porque turbaria mi felicidad en el cielo.... Creí.... y era nesesario morir.... una vida por un momento de dicha....