XXIII

Visita al general Ord.—Su familia.—Paseo vespertino.—Encuentro con M. Rève.—El Album de M. Rève.—El Sr. Leal.—En el campo.—Adioses.—El Dr. Cupples.—Otra tertulia.

Uno de nuestros primeros cuidados al siguiente dia de la comida en la casa del doctor, fué corresponder sus visitas al Sr. General Ord, persona que, como he dicho, habia tenido la bondad de buscarnos dos distintas ocasiones.

Nos informamos de que era muy madrugador y de que la hora más cómoda para recibir en su casa, eran las nueve de la mañana.

La habitacion del General Ord distará de Minger-Hotel cosa de cien pasos. Está situada la casa en un verde prado y tiene su pórtico, sus ventanas con sus celosías verdes en sus dos pisos, sus amplios corredores sombreados por tupidas enredaderas, y los adornos rústicos á que son muy afectos los americanos.

Apénas anunciamos nuestra visita, cuando salió el mismo General á recibirnos, llevando de la mano á una preciosa niña de doce años, esbelta y ligera como una cervatilla, vestida de blanco y sus anchos listones azules flotando, pendientes de su sombrerillo de paja.

Saludó el General en inglés á Gomez del Palacio; yo fuí saltando con mi ignorancia, como lo tenia de costumbre.

Entramos á un fresco saloncito con vistas al campo; en el centro del saloncito, en una mesa, habia grandes álbums, al fondo un hermoso piano.

Presentónos el General á su señora, alta y airosa matrona, que jugaba con otra niña risueña y traviesa.

La señora entabló conversacion con Gomez del Palacio, muy agradablemente, y yo tuve ocasion de retratar á mi sabor al General Ord.