El departamento de Iglesias consta de dos cuartos; uno de ellos habita su hijo José María, el otro es el de Iglesias; libros por todas partes, su cama, lavamanos y ropero, un pequeño sofá lleno de periódicos. En el centro de la pieza una mesita con un juego de ajedrez.

Estaban al momento de mi llegada en la pieza, Jorge Hameken, Rocha, Gomez del Palacio y los señores de la casa. Corria fresco el buen humor, la gente hablaba del humbug americano. Uno le comparaba al canard frances; los otros á la bola habanera; quien al chasco y al borrego mexicanos; pero aunque distintas las opiniones, se convenia unánimemente en conceder la primacía al humbug americano.

El humbug en una sociedad educada, calculadora, activa y en que domina el peso omnipotente, tiene que ser infinitamente flexible, revestir todas las formas, amoldarse á todos los gustos, iniciarse resuelto, proceder por sorpresa, llegar á la temeridad, apareciendo fácil y sencillo, y esto le da carácter fisionómico en esta sociedad.

En la política, el humbug se calza el guante blanco, se almidona los puños, se peina de polvo y vuelve locos á franceses y japoneses, á austriacos y españoles, que condescienden con estas excentricidades de los yankees.

—En política, me decia J. J. Baz, que ha estudiado con sagacidad el humbug, se manifiesta en toda su grandeza el humbug en la eleccion presidencial.

Francisco, con la sencilla claridad que constituye una de las dotes de su elevado talento, me decia:

—Marcy, Ministro de la Guerra de uno de los presidentes más notables, formuló el juego electoral con estas notables palabras: Los despojos son de los vencedores. Traducido al idioma palaciego, quiere decir esto: "Los empleos corresponden á los que trabajan en la eleccion."

Favorece la especulacion poderosa que aquellas palabras crian, el artículo constitucional que da facultad al Presidente de remover y nombrar libremente á los empleados de la administracion dependientes del Ejecutivo.

Llaman los americanos á esta vuelta de la fortuna palaciega, rotacion, en cuyo movimiento resultan contusos y despostillados muchos, y muchos en la cumbre de la riqueza y los honores.

Para llegar al fin del movimiento está la máquina política, y para untar la máquina, aunque no oficialmente, pero sí casi públicamente, se hacen descuentos de sus sueldos á los empleados.